Mis comienzos digitales

En el otoño de 1981, durante una estancia de investigación en la British Library, me hice con mi primer ordenador: un Sinclair ZX81. No era una gran máquina. Su corazón era pequeño: un procesador Z-80 @3,5 MHz; la memoria minúscula: tan solo 1 KB (1024 bytes). Lo compré por curiosidad y . . . la curiosidad mató al gato. Desde entonces los ordenadores y yo hemos ido de la mano. Pronto me hice con una ampliación de memoria, un cartucho de 16KB que, junto con un cassette , una impresora térmica con un horrible papel plateado y un televisor en blanco y negro, se convirtió en mi primer centro de computación pues pronto vi su utilidad para una parte de mi tesis.

Recuerdos de aquella épocaDurante el congreso de Humanidades Digitales de Pamplona, mayo de 2013

Recuerdos de aquella época
Durante el congreso de Humanidades Digitales de Pamplona, mayo de 2013
Foto de @nadiarevenga

No solo aprendí BASIC, el lenguaje de computación que los de Dartmuth College habían inventado para que los de letras usáramos los ordenadores, sino también algo de código máquina. Esta maquinita me echó varias manos para ordenar todas las palabras que constituían el texto que editaba para mi tesis, el ms. 9 de la RAE, aunque las posibilidades eran muy pequeñas ya que no permitía almacenar los datos. Cada vez que apagaba el ordenador se evaporaban.

El siguiente paso fue un NewBrain con 32KB. Este seguía usando un cassette como unidad externa, pero ya permitía grabar y recuperar los datos de una sesión para otra. Con él finalicé los recuentos léxicos y las concordancias que añadí a la tesis, aunque toda ella se entregó mecanografiada.

En el siguiente paso, un Toshiba T-100, entré en el increíble mundo de los discos flexibles, el sistema operativo CP/M y de los procesadores de textos (WordStar). ¡Ya era tarde para mi tesis! De esa época me queda mi predilección por los atajos de teclado. ¡Odio tener que buscar el ratón por la mesa! Siempre queda soterrado bajo montañas de papeles y libros.

En esos momentos comencé a sistematizar en el ordenador la bibliografía de los libros de cetrería y montería que había ido acumulando. Eran las fichas bibliográficas, notas y comentarios de cuantas lecturas hacía. Acabaron viendo la luz como libros impresos (Madrid, 1985, Londres, 1991 y Woodbridge, 2003). También transcribí, en formato electrónico, por aquel entonces el término digital no se usaba, los textos de cetrería que creía interesantes: todos.

El gran salto computacional fue en diciembre de 1986: compré un IBM XT con disco duro de 20 MB. Lo complicado fue recuperar todos los datos que había acumulado. Eso requirió un poco de ingenio y unas cuantas lecturas.

Averigüé que los discos CP/M del Toshiba T-100 los podía leer el Osborn 1 (el primer portable, que no portátil, que tuve el placer de usar) y reescribirlos en un formato legible para un Decision Mate V de NCR que funcionaba tanto con CP/M como con MS-DOS. Para esto fue esencial la ayuda de amigos informáticos que trabajaban con algo esotérico para mí: COBOL y FORTRAN. Desde entonces una de mis mayores preocupaciones ha sido la migración de los datos. Hasta ahora lo he conseguido con algo de esfuerzo, pero con mínimas pérdidas.

Revisando viejos papeles, para cumplimentar el enésimo CV, me topé con dos documentos largamente olvidados: uno de 1982 certificaba que había tomado parte de un curso de formación sobre el uso del ordenador en el aula. El otro, de 1984, una invitación a tomar parte en un programa de RNE en el que se hable de Ordenadores y lingüística mientras que otros colegas hablan de ordenadores e historias. En 1984 ya andábamos enredados con las Humanidades Digitales, pero aún no las habíamos bautizado. Nos sucedía como al gentilhombre de Molière: hablábamos en prosa sin saberlo.

Desde entonces he tomado parte en varios proyectos. Participé con entusiasmo en las transcripciones para el proyecto Dictionary of Old Spanish Language de Wisconsin at Madison y su secuela (ADMYTE). Coordiné un volumen en CD-ROM que digitalizó varios manuscritos e impresos de caza, cetrería y montería conservados en la Biblioteca Nacional de España para la colección digital de la Fundación Histórica Távera. Preparé una edición digital en línea de la Historia de Enrique, fi de Oliva para el Instituto Cervantes. Y en marzo de 1999 organicé en la Universidad de Valladolid unas jornadas de crítica textual bajo el título Del papiro a internet.

del_papiro

Por aquel entonces ya tenía mis proyectos en línea en marcha. Primero fue la página web docente (antes de que hubiera Campus Virtuales) en la UNED. No queda rastro salvo lo que he podido encontrar en Wayback Machine y que corresponde a 2001 (yo me fui de la UNED en septiembre de 2000).

Restos de una Historia de la lengua digital

Restos de una Historia de la lengua digital

De esa página colgó la versión electrónica del Boletín Bibliográfico de Historia de la Lengua Española, que nació como impreso durante en el III Congreso de la Asociación de Historia de la Lengua, pero fue expurgado.

La tercera sección de aquellos primeros ensayos en la red fue el antecedente del Archivo Iberoamericano de Cetrería, al que he dedicado otro post dentro del DHD2013.

Como ya he dicho en otra ocasión, antes que Humanistas Digitales, tenemos que ser Investigadores Digitales (Digital Scholars). A esta tarea he dedicado muchas horas desde aquella tarde del otoño londinense de 1981.

3 thoughts on “Mis comienzos digitales

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