No es cosa de un solo día

Resulta que a veces en la vida de un digitalista empedernido nos llega un día con poco de acción. Como me temía, este fue uno de esos días. Cuando me desperte me dedique a escribir mi primera y unica entrada. Luego vi mi email. Me entretuve un buen rato con las entradas de Ernesto PriegoBarbara Bordalejo y con varios artículos sobre el espionaje tipo HD del NSA.  Ducha y a casa de mi amiga Kora Veron-Leblé a hablar de Aimé Césaire por el resto de la tarde. Como todo esto solo involucró café y cigarrillos no hay mucho que contar. Nos fuimos a cenar vietnamita por una calle olvidable de Paris y a hablar mal de nuestros amigos. Como ven, muy poco que ver con las humanidades digitales.

Luego de despedirme de Kora me fui a beber un nombre indefinido de botellas de vino tinto con mi filosofo aleman del lenguaje, Markus Kneer, a un bar de turis cerca del Montparnasse. Acabo de llegar.

Creo que la moraleja es importante y quería compartirla. Un día en las humanidades digitales es muchas veces un día en la vida de cualquiera. Es cierto que me paso la mayor parte del tiempo en frente de un ordenador o de mi tableta, pero eso no quiere decir que he dejado de pertenecer al mundo de la sala o de la barra. Es aquí en este otro mundo donde todas esas cosas que hacemos con nuestros nuevos juguetes se reivindican de forma extraña. Las conversaciones de literatura con Kora tienen un toque nuevo ahora que podemos imaginar bibliografías comentadas por el publico y archivos digitales entrelazados. Mis conversaciones con Markus acerca de la relación entre la teoría del juego y la filosofía del lenguaje surgen de la posibilidad de mezclar esquemas de decisiones con los de Chomsky gracias a la computación.

Quisiera haberles ofrecido algo más en un día tan emocionante para las humanidades digitales en español, y me consuelo al ver tantas entradas al final del día. Ahora bien…

esto no es cosa de un solo día.

¡Hola mi mundo!

¡Que buena esta idea del Día de las Humanidades Digitales 2013!

Antes que nada una pequeña reseña de mi trabajo profesional en la universidad de Columbia en Nueva York. Soy lo que llamamos en Estados Unidos un #alt-ac, o  académico alternativo. Eso quiere decir, más o menos, que trabajo en la academia como investigador  sin trabajar directamente en la facultad. Mi base de operaciones es la división de letras e historia de la biblioteca. A veces soy bibliotecario, a veces parte de la facultad, a veces administrador, y la mayor parte del tiempo colaborador.  Me contrataron como un “agente de cambio,” una especie de purgante del atavismo.

No tengo si quiera un año empleado o sea que muchos de estos cambios existen solo en probetas. De mis favoritos es la creación de un laboratorio de colaboración, o como me gustaría llamarle, un jodedorio (mesitas con ruedas, pizarras, una pantalla de proyección y mucho cafe). El propósito es trabajar con el que quiera en proyectos digitales. Allí acogeremos maratones de investigación (¿investigatones?), talleres, laboratorios efímeros, incubadores digitales. En fin, lo que se nos ocurra jugar dentro del ambito de la investigación o la enseñanza.

Hoy les cuento lo que hago durante el día. No les prometo mucho, lamentablemente, ya que me encuentro en Paris de visita en asuntos más tradicionales y bueno… me desperte a las dos de la tarde. Mientras tanto los invito a visitar la página que les preparé con una lística de algunos de mis proyectos actuales.