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10. ¿Quién era Diego Serón Espinosa?

En contra de lo que pudiera parecer, la relación establecida entre Diego Serón Espinosa y el manuscrito de los Dos discursos de la cifra no hacía más que complicar las cosas. ¿Quién era Diego Serón Espinosa? ¿Qué relación tenía con el Condestable de Castilla? ¿Y con el Virrey de Nápoles? De nuevo interrogué la Red y volví a la biblioteca en busca de nueva bibliografía. De entrada el nuevo nombre venía cargado de variantes porque podía aparecer como Zerón Espinosa, Cerón Espinosa, Serón Espinossa o, incluso, Serón Spinossa, tal y como se encuentra en el único investigador que trata más largamente a este autor. Antonio Gallego Morrell, en sus diversos trabajos sobre la fama y recepción de Garcilaso de la Vega, habla de la primera comedia dedicada al poeta toledano, con el título Garcilaso enamorado, conservada en un manuscrito en la British Library, fechado hacia 1618, y escrito por un tal Diego Serón Spinossa… ¡Qué casualidad…! Pero a continuación Antonio Gallego Morell señala:

Ninguna noticia nos es posible ofrecer de este Diego Serón Spinossa, del que no encontramos rastro en repertorios bibliográficos, ni en el catálogo fichero del Museo Británico en que se conserva el Manuscrito; ni Gayangos, ni Keniston aportan datos sobre su autor al dar noticas de la comedia. Evidentemente, la torpeza teatral que la obra denota, el elemental hilvanar de fragmentos de poemas garcilasianos y el carácter excesivamente ramplón de muchas escenas, apuntan a considerar la comedia como fruto de un autor aficionado […] (Antonio Gallego Morell, Fama póstuma de Garcilaso de la Vega, Granada, Universidad de Granada, 1978, pp. 19-22, p. 21).

Nuevamente estamos ante un callejón sin salida. La atribución que hace Joaquín García Goyena a Diego Serón Espinosa no aparece justificada por ninguna parte en su artículo, y los datos que aporta Antonio Gallego Morell no dejan de ser inquietantes por la curiosa coincidencia garcilasiana, pero al mismo tiempo están desprovistos de cualquier hilo, por fino que sea, del que podamos seguir tirando.

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9. El problema de la autoría de los Dos discursos de la cifra (II)

Aunque la solución pasaba por tomar el tren y el avión y pasar unos días en cada archivo en la búsqueda de un nombre entre legajos y cartas, no me era posible emprender tal viaje, así que volví a la Red, para seguir buscando, rebuscando…

Cuando consultas un catálogo impreso y buscas un nombre o un título tienes la certeza de que cuando lo vuelvas a buscar dos días o dos meses después, seguirá ahí, como al principio, como cuando salió de la imprenta. Pero esa fijeza que tiene la búsqueda tradicional no existe en la Red, donde todo cambia, todo fluye, y el catálogo electrónico que hoy no funciona en las búsquedas del KVK, mañana sí está operativo, y puede darte un resultado inesperado. Por eso buscar en la Red es prácticamente inacabable y siempre cabe la sospecha de que detrás de tantos ceros y unos se encuentre justamente el cero y el uno que puede darnos una pista decisiva para nuestra investigación. De hecho, ahora que meses después vuelvo sobre mis pasos, encuentro ya un artículo en la red de José Ramón Soler Fuensanta que menciona este manuscrito.

Volví de nuevo a rebuscar en Google, en GoogleBook, y en otros buscadores y catálogos. Google puede ser el océano, pero el planeta digital tiene muchos ríos a dónde no siempre llega el todopoderoso señor. Buscar en la Red supone a veces abandonar los caminos conocidos para internarse allí donde en principio no tiene por qué haber nada… Fue así como busqué en la Hemeroteca Digital, cuyos contenidos no son siempre bien indexados por Google, y localicé un artículo titulado «Diego Serón Espinosa» de Joaquín García Goyena, publicado en La Ilustración Ibérica, n.º 186 (24 de julio de 1886), pp. 475-478; que continuaba en ibíd., «Diego Serón Espinosa (continuación)», La Ilustración Ibérica, n.º 187 (31 de julio de 1886), pp. 486-490. En él, un joven abogado, Joaquín García Goyena describía sin duda este manuscrito y lo atribuía sin prueba alguna a Diego Serón de Espinosa:

Joaquín García Goyena, publicado en La Ilustración Ibérica, n.º 186 (24 de julio de 1886), pp. 475-478

Joaquín García Goyena, publicado en La Ilustración Ibérica, n.º 186 (24 de julio de 1886), pp. 475-478

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8. El problema de la autoría de los Dos discursos de la cifra (I)

Desde el principio me interesó especialmente saber quién era el autor de este singular manuscrito, pues él mismo también era poeta y de ello deja constancia con sus versos como clave. ¿Quién era este conocedor de la cifra que había sido secretario de Martín de Córdoba, como Virrey de Navarra, y contador del Condestable de Castilla? En su texto va dejando algunas notas biográficas aquí y allá. Así, por ejemplo, señala que había asistido a la Academia de Madrid, en la que participaron matemáticos, arquitectos, militares, etc., y que anduvo también por Lisboa, relacionándose con poetas cortesanos, como una desconocida Felipa de Villena, de la que también copia algunos versos… ¿Qué tipo de relación tenía el autor de este manuscrito que utilizaba como cifra los versos de Garcilaso con aquel a quien dirigía la obra, el Prete Jacopín, autor de unas Observacionesen defensa del príncipe de los poetas castellanos Garcilaso de la Vega?

Como la búsqueda anterior no había dado resultado, volví a la carga intentando establecer relaciones de otro modo. Revisé la vida del Condestable de Castilla, busqué los nombres de sus personas de confianza (secretario, contador, etc.), y los cruce uno a uno con Martín de Córdoba. Luego repetí el mismo procedimiento pero con los nombres vinculados al Virrey de Navarra. Utilicé múltiples variantes, pero no obtuve ningún resultado positivo. Encontré algunos sospechosos, como Francisco de Cuellar y Aguilar o Lope de Ugarte, que fueron contadores del Condestable de Castilla en sus últimos años, pero no pude hallar que hubieran trabajado con Martín de Córdoba.

El autor de los Dos discursos en cifras no pretendía quedar en el anonimato, pues si así fuera no habría dado tantos y tan jugosos datos biográficos a lo largo de la obra. Es más, en la p. 140, cuando habla de las cifras de letras encadenadas señala que «la cifra de la empresa en el título de estos discursos es de mi nombre y apellido», es decir, el manuscrito debió tener una portada (hoy lamentablemente perdida) que contenía el título de la obra y el nombre y apellido del autor escrito en cifras encadenadas, como estas que realizó el autor del nombre del propio Juan Fernández de Velasco, condestable de Castilla:

Juan Fernández de Velasco en cifras encadenadas

Juan Fernández de Velasco en cifras encadenadas

La solución de este enigma pasa sencillamente por revisar en los archivos la documentación de los últimos años del Condestable de Castilla. Indagar en el Archivo Histórico Nacional, en el Archivo General de Simancas y cotejar luego los datos con los secretarios o hombres de letras que pudo tener a su servició Martín de Córdoba, virrey de Navarra, en el Archivo Real y General de Navarra. Por suerte no es este un Lazarillo

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7. Como buscar en Google lo que no tiene nombre

o Los problemas bibliográficos de Dos discursos de la cifra

Como ya comenté, se desconoce quién es el autor del manuscrito, su verdadero título (el que utilizo procede del prólogo) y la fecha de composición. Claro que una primera lectura rápida me puso en la pista. La primera página del manuscrito conservada es un soneto que dedica la obra a Juan Fernández de Velasco, y la siguiente es una «Declaración general de los Dos discursos de la cifra», una especie de dedicatoria en el que el incógnito autor dedica la obra al condestable de Castilla y aporta algunos detalles reveladores sobre su identidad. Baste señalar, por ejemplo, que el autor aprendió la cifra a partir «de la correspondencia de Orán, y [la] Embaxada de Roma…», desarrollada al servicio de don Martín de Córdoba, virrey de Navarra entre 1589-1595, y que luego pasó al servicio del Condestable de Castilla como contador. Con estos pocos datos me lancé a la búsqueda de su autor con el buscador de Google y de GoogleBooks.

¿Pero cómo buscar el nombre de un autor desconocido solo con estas informaciones? La tarea era ímproba, porque buscar en la Red de manera rigurosa requiere, entre otras cualidades, ciertas dosis de paciencia, constancia, organización, imaginación y heterodoxia. Paciencia y constancia porque interrogué decenas de veces al Sr. Google y revisé todos los resultados. Organización porque hay que tener en cuenta dos variantes a la hora de buscar el nombre de un noble, por ejemplo, como Juan Fernández de Velasco. Por una parte hay que considerar las diversas referencias equivalentes con las que un escrito puede referirse a él. Así, por ejemplo, Juan Fernández de Velasco es también Condestable de Castilla, V duque de Frías, III marqués de Berlanga, VII conde de Haro, XI condestable de Castilla, gobernador del Milanesado, y escribió también alguna obra bajo el nombre de Prete Jacopín. Bajo cualquiera de esas formas podría presentarse, pero además hay que tener en cuenta las variantes gráficas derivadas no solo de la forma de escribir del siglo XVII, sino también de los errores o malas interpretaciones del OCR (reconocimiento óptico de caracteres) de GoogleBooks, por poner un ejemplo. Las posibilidades se multiplican exponencialmente y tenemos que trabajar con eso. Pero también es necesaria cierta imaginación y heterodoxia para plantear nuevos términos de búsqueda y buscadores que en principio no parecen los más interesantes, como se verá.

La búsqueda inicial pretendía encontrar una persona en cuya biografía estuvieran presentes tanto el condentable de Castilla como el Virrey de Navarra, por eso inicié la pesquisa con estos nombres:

Método de búsqueda de un autor desconocido

Método de búsqueda de un autor desconocido

y las correspondientes variantes: “Condestable de Castilla”+ “Virrey de Navarra”,  “Condestable de Castilla”+“Martín de Córdoba”; “Virrey de Navarra”+ “Juan Fernández de Velasco”, etc., etc. El resultado después de utilizar varias decenas de posibilidades y variantes fue negativo. No había manera de encontrar en la Red qué persona estuvo al servicio de ambos nobles.

Más fácil resultó determinar la fecha del manuscrito. Una charla con el profesor J. Montero, de la Universidad de Sevilla, especialista en el Prete Jacopín, me puso en la pista de la existencia de un inventario de los libros de su biblioteca. Fue así como abandoné la Red para internarme por bibliotecas en busca de nueva bibliografía sobre el noble. En un artículo de Gregorio de Andrés (“La biblioteca manuscrita del Condestable Juan Fernández de Velasco”, Cuadernos Bibliográficos, XL, pp. 5-22, 1980) encontré una alusión al manuscrito:

Gregorio de Andrés, “La biblioteca manuscrita del Condestable Juan Fernández de Velasco”, Cuadernos Bibliográficos, XL, pp. 5-22.

Gregorio de Andrés, “La biblioteca manuscrita del Condestable Juan Fernández de Velasco”, Cuadernos Bibliográficos, XL, pp. 5-22.

Este inventario de la biblioteca del Condestable de Castilla fue realizado en 1608 tras el fallecimiento de su esposa, y la presencia del manuscrito en él, junto con otros datos internos del texto, me llevaron a la conclusión de que el manuscrito conservado de los Dos discursos de la cifra fue concluido en ese mismo año de 1608.

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6. Facilidades y dificultades como usuario de una biblioteca digital

Cuando decidí escribir un artículo sobre este manuscrito (actualmente en prensa), me encontré con alguna que otra dificultad. En general la interfaz de navegación de la biblioteca realizada por la Digital Library Architecture de la propia Penn library me resultó muy completa y eficiente. El usuario tiene diversas opciones que le permiten navegar por las páginas del manuscrito con facilidad. Puede elegir una página, cambiar el zoom (con cinco resoluciones distintas), ir directamente a algunas secciones del manuscrito, o ver de dos en dos las páginas de la obra. Pocas bibliotecas digitales ofrecen tantas opciones para leer con comodidad el documento digitalizado.

Interfaz de navegación para un documento en la Penn Library

Interfaz de navegación para un documento en la Penn Library

No obstante, cuando me propuse estudiarlo con detenimiento necesité descargar íntegramente el manuscrito para hojearlo con mayor rapidez. En este caso no encontré una opción para ello y tuve que ir guardándolo todo página a página (en gran resolución), con una gran paciencia y coste de tiempo.

Resulta frecuente que por diversas razones (¿“legales”?), las bibliotecas digitales no facilitan la descarga completa de los documentos actualizados. Afortunadamente muchas sí lo hacen como Googlebooks, Archive, la BNE o la BNP, por citar tan solo algunos ejemplos. Esto facilita enormemente el trabajo de los investigadores, que son generalmente los que mayor provecho pueden sacar de fondos de estas características. Dudo mucho que permitir la descarga de la obra en un pdf o en un zip pueda favorecer la difusión no controlada por la biblioteca de sus fondos.

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5. La sorpresa

La cifra fue un antiguo sistema de escritura secreta que se basaba en el cambio o sustitución de las letras de un texto por otras letras o signos. Era ya conocida y utilizada en España desde la Edad Media, pero alcanzó su edad dorada en el reinado de Felipe II, quien estableció la «cifra general» para la correspondencia diplomática y renovó hasta ocho veces los códigos utilizados[1]. Las posibilidades para cifrar documentos eran muchas, pero frecuentemente se utilizaba un determinado texto como clave (o contra cifra). Es decir, si se sabía con qué método se había cifrado un documento y cuál era la clave o frase utilizada en esa codificación, podía descodificarse y conocerse el mensaje. Claro que el objetivo de los espías y criptógrafos de la época era conseguir descifrar un mensaje sin tener la clave, y para ello también existía un método…

Estampa XI de Dos discursos de la cifra (p. 95)

Este curioso manuscrito de 166 páginas trata fundamentalmente de la naturaleza y uso de la cifra, entendida esta como «una breve figura delineada, en que está disimulado, disfrazado o encubierto, un pensamiento copioso, debajo de la forma de su composición», y está dividido en dos partes: «Discurso Primero. Theorica de la cifra» (pp. 7-66) y «Discurso Segundo. Estampas, modos o especies para scriuir en cifra» (pp. 67-163). El «Discurso Primero» contiene jugosas noticias filológicas e históricas que darían para muchas entradas, y el «Discurso Segundo» presenta con curiosísimas ilustraciones diversos métodos para cifrar los documentos diplomáticos. La sorpresa está en las claves que utiliza el anónimo autor de este manuscrito, pues son fundamentalmente versos de Garcilaso…, algunos sonetos, cuartetos sueltos y versos de sus Églogas. Los versos amorosos y delicados del hombre de letras y de armas que fue Garcilaso de la Vega adquirieron décadas después de su muerte un inesperado y curioso empleo, nuevamente al servicio de los Austrias.


[1] Vid. Jérôme P. Devos, Les chiffres de Philippe II (1555-1598) et du Despacho Universal durant le XVIIe siècle, Bruxelles, Palais des Académies, 1950; y Juan Carlos Galende Díaz, Criptografía. Historia de la escritura cifrada, Madrid, Editorial Complutense, 1995.

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Bibliotecas Digitales, Criptografía, DHD2013, filólogo digital

4. El hallazgo

Exploré la colección y encontré documentos de lo más variopintos e interesantes, pero también hallé errores, confusiones, inexactitudes que todo humanista digital tiene que tener en cuenta cuando se enfrenta a la Red. Así, por ejemplo, si aplicamos el filtro de lengua y seleccionamos el portugués solo aparecen siete documentos, sin embargo varios de ellos están en español, otros en español y portugués, o incluso en latín. Algunos son volúmenes facticios, que recogen tanto impresos como manuscritos, y no siempre están bien descritos, como puede ser el caso del siguiente: Ynquisicão, pleitos, bigamia, con documentos impresos y manuscritos del Santo Oficio en latín, español y portugués. Son errores habituales en cualquier biblioteca digital, en cualquier catálogo impreso también, tampoco lo olvidemos.

Entre los distintos manuscritos digitalizados me paré ante el siguiente:

 ms

Dos discursos de la cifra… inicialmente pensé que era un tratado matemático, pero entré en él y lo examiné. Se trataba de un manual que había perdido la portada y carecía de título, fecha (aunque del s. XVII) y autor, y estaba dedicado a la cifra, el método de codificar mensajes diplomáticos que fue tan utilizado en tiempos de Felipe II.

Cuando comencé a estudiar este manuscrito no fue la cifra, precisamente, lo que más me interesó, como se verá. No obstante, tuve que internarme por un terreno más vinculado a la historia que a la filología, y anduve consultando bibliografía sobre tan críptica materia. En este sentido fue especialmente útil el estudio Criptografía. Historia de la escritura cifrada de Juan Carlos Galende Díaz. Fue así cómo supe que del ámbito hispánico en los Siglos de Oro solo se conocían dos obras que abordaran un tema tan secreto y de estado como la codificación de mensajes: un capítulo sobre este asunto en la Historia del Perú de Diego Fernández Palencia (1571), y un manuscrito preparado para la imprenta, Cifra, contracifra antigua y moderna de Tomás Tamayo de Vargas, que no fue más allá de la obtención de una aprobación en 1612. A estos dos se puede añadir ahora el precioso manuscrito de la Universidad de Pennsylvania Dos discursos de la cifra.

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3. El encuentro

A veces salgo de caza simplemente por el placer de encontrar algún tesoro no explorado aún, algo que sea público, pero que ande perdido en un remoto servidor. Una día recalé en la biblioteca digital de la Universidad de Pennsylvania: DigitalPenn y navegué por sus colecciones. Como otras tantas bibliotecas digitalizadas de cualquier parte del mundo se da prioridad a aquellos documentos y materiales más estrechamente vinculados con su país, estado, lengua, costumbres y tradiciones, o a aquellos especialmente antiguos y valiosos (las colecciones de manuscritos medievales son muy frecuentes, por ejemplo). En principio, para alguien que se dedique a la Literatura Española, como es mi caso, difícilmente podía encontrar algo más que un deleitoso recreo por aquellas numerosas colecciones dedicadas a la literatura inglesa, a destacados autores norteamericanos, o a la fotografía antigua. Pero he aquí que entré en la Penn in Hand: Selected Manuscripts, que se presenta de la siguiente manera:

The site offers bibliographic information and digital facsimiles for selected collections of manuscript codices, texts, documents, papers, and leaves held by Penn’s Rare Book & Manuscript Library as well as those privately owned by Lawrence J. Schoenberg (C’53, WG’56).
Penn holds over 2,000 Western manuscripts produced before the 19th century; medieval and Renaissance manuscripts comprise approximately 900 items, the earliest dating from 1000 A.D. Its holdings of Indic manuscripts is the largest in the Western hemisphere with more than 3,000 items. The Lawrence J. Schoenberg Collection emphasizes secular topics, especially science and mathematics, and includes tablets from the 21st to 18th centuries B.C.

Pues bien, a esta enorme colección digitalizada puede aplicarse diversos filtros como el cronológico, la lengua, la materia, etc. Filtré por lengua y encontré más de trescientos manuscritos en español digitalizados, datados entre los siglos XIV y XIX, de muy diversas materias: desde manuscritos poéticos hasta más de un centenar de documentos sobre el Santo Oficio. Una verdadera mina para cualquier filólogo o historiador…

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Bibliotecas Digitales, DHD2013, filólogo digital

2. Salir de caza por la selva digital

Algunas noches salgo de caza y me interno en la red en busca de tesoros bibliográficos, de impresos digitalizados, modernos o antiguos, de manuscritos… de nichos de información donde saciar la curiosidad y aprender. En ese mar digital es difícil establecer un plan, uno entra sabiendo que será continuamente encantado por las sirenas, e irá de enlace en enlace, de página en página. Y es aquí dónde reside buena parte del encanto en cierto modo, enfrentarse a un mundo desconocido del que solo se podrá conocer una ínfima parte.

Con el tiempo se acaban estableciendo algunas rutas especiales, por ejemplo, el de las bibliotecas digitales que van dando a conocer poco a poco su patrimonio. Pero estos caminos, como todo en la Red, están en constante actualización y ramificación y resulta muy difícil estar mínimamente al tanto de las novedades. ¿Cuántas bibliotecas digitales hay en España? ¿Y en el mundo? ¿Cómo puedo saber que la obra que investigo está digitalizada? ¿Dónde se puede encontrar determinadas obras que complementen la investigación o abran nuevos caminos? Para arrancar se puede seguir una ruta básica, por ejemplo: Googlebooks, Europeana, Hispana o Archive.org, pero todo depende de lo que busquemos y del rigor con que lo hagamos. Buscar obras digitalizadas o registros bibliográficos en la Red es muy sencillo a priori, pero no siempre se encuentra todo con dos clicks. Cuando eso sucede hay que insistir, levantar la alfombra de la red, y buscar…

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1. Propuesta

Las posibilidades del mundo digital constituyen una dimensión revolucionaria y novedosa para la investigación de las humanidades que apenas ha empezado a dar sus primeros resultados. Hace tan solo cincuenta años el horizonte del investigador se ceñía al archivo o a la biblioteca (personal, de su centro de investigación, o de otros lugares más o menos lejanos). Las herramientas fundamentales eran el lápiz y el papel, y la reproducción de documentos, la pesquisa bibliográfica, la organización del trabajo o su difusión suponían un considerable esfuerzo económico y de tiempo. A veces me pregunto si seríamos capaces de investigar en semejantes circunstancias y llegar a tales resultados.

He escrito dimensión porque no se trata tanto de que las paredes de la biblioteca o del archivo se hayan ensanchado más allá o más acá, o que nuestras posibilidades de consulta o difusión sean hoy increíbles. En mi opinión es algo más importante y decisivo: las Humanidades Digitales permiten una nueva forma de leer e interrogar a los textos y los testimonios. Por ello, se nos plantean nuevos caminos y formas de investigar y, consecuentemente, nuevos desafíos.

Ahora bien, y esto me parece necesario subrayarlo, las Humanidades Digitales como nueva dimensión de la investigación ni solapan, ni sustituyen, ni eliminan los métodos tradicionales, la búsqueda en olvidados ficheros manuales, o en catálogos inencontrables, ni mucho menos  la consulta física de impresos y manuscritos. No son mundos contrapuestos, sino perfectamente complementarios.

Escribo estas palabras pensando no tanto en los investigadores actuales (humanistas digitales), ni en los que ya tienen una consolidada trayectoria. Lo hago sobre todo pensando en los futuros, en aquellos nativos digitales que se están formando hoy día y pueden llegar a investigar, lo hago también en advertencia de cualquiera que pueda sufrir la tentación de creer que una investigación rigurosa se puede hacer en los tiempos de las Humanidades Digitales sin pisar una biblioteca de papel o un archivo. Y es que no hay humanidad más digital que aquella que nos lleva a tocar el papel para quitar las arrugas de una página doblada desde hace siglos.

En las próximas entradas de este blog, homónimo de otro que llevo tiempo ha, pretendo desarrollar el making of de un artículo que he escrito recientemente y que se encuentra en prensa. No podría haberlo realizado sin ciertos recursos digitales, y creo que puede servir de ejemplo práctico para cualquier persona que quiera saber qué son y cómo se usan las Humanidades Digitales.

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