La pregunta – ya saben qué pregunta

Esta es la entrada que estaba escribiendo ayer en la noche cuando a Silvia se le ocurrió la historia de la cartografía del DíaHD [ella no quiere el crédito, pero es su idea, yo nada más me adjunté y entre las dos la extendimos]. Terminaba la entrada con dos preguntas grandes, más sugestivas que esperando una respuesta. Ya verán.

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Para cerrar mi DíaHD quiero dedicar unas líneas al espinoso asunto de qué son las humanidades digitales y el sentido de comunidad tan fuerte que existe en el campo. Comienzo diciendo que a mi me gusta el término humanidades digitales. Me gusta el sentido de apertura que tiene ‘humanidades’ y que pareciera ir en sentido opuesto de las híperespecificidades académicas y me gusta ‘digitales’ porque nos ciñe a un tipo de medios y nos ubica en un tiempo. Me gusta además que como término, ‘humanidades digitales’ causa curiosidad: que a quien no sabe nada del campo le suena a algo que le puede interesar; y me gusta que quien algo puede saber, quiere saber más así sea para refutarlo. De ahí que sí, con constancia, estamos escuchando y respondiendo la pregunta qué son las humanidades digitales en cualquier discusión por mínima, informal y no académica que sea.

Por supuesto, aunque el término general parezca amplio, lo cierto es que en la práctica no es así. El campo, me parece, es tan específico que, incluso entre proyectos, tenemos dificultades para comunicarnos – los que hacemos análisis de redes no necesariamente sabemos hacer TEI ni nada relacionado con GIS y, probablemente, al contrario. El campo es tan específico que se necesitan varias personas en cada proyecto y que cada una aporte su conocimiento particular.

¿En dónde está, entonces la apertura y la amplitud?

Yo creo que está en la idea de humanidades y en cómo, a pesar de especificidades metodológicas llevamos casi como bandera una idea – tal vez retro o tal vez progre – de que hay algo que une a todas estas disciplinas (letras, historia, filosofía, ciencias de la información, etc.) y que no es nada más el origen grecolatino y renacentista que comparten, ni nada más el uso de computadoras y softwares para estudiar sus objetos.

¿Se trata entonces de un interés compartido y a gran escala de las relaciones humanas y las relaciones humanas a través de sus objetos culturales?

¿Será que en esa gran generalidad está la base del sentido de comunidad tan fuerte que hay entre humanistas digitales?

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Regreso a la cartografía HD

La idea de la cartografía tiene dos lados. Una es un mapa, una representación de quiénes somos y dónde estamos. La otra parte, es buscar relaciones para explorar de dónde nos viene el sentido de comunidad e identificación entre las labores tan distintas que realizamos. Aunque la dimensión ‘proyecto’ es parte de las preguntas, el énfasis, un tanto más atómico, está puesto en lo personal. Así dentro de una misma institución, un mismo proyecto puede haber personas de muy diversas características.

Qué información estamos pidiendo: Geográfica e Institucional. Áreas grandes (las disciplinas) y luego, por falta de una mejor palabra, las ‘metodologías’ o ‘aproximaciones’. Finalmente, entre sueños, anoche recordé que habíamos olvido añadir una dimensión temporal y esta mañana añadí la pregunta ¿Hace cuántos años que realizas trabajo en HD? O algo así. Y luego información documental y de contacto.

Entonces qué preguntas nos estamos preguntando con esto:

  • ¿Quiénes somos?
  • ¿Dónde estamos?
  • ¿Cuántos trabajamos juntos o muy cerca geográficamente?
  • ¿En qué momento nos hicimos tantos?
  • ¿Hubo un periodo un tanto latente que, como nos parece ya a varios, ahora está siendo especialmente favorable?
  • ¿Cuáles son las disciplinas dónde se realiza mayor investigación?
  • ¿Qué tipo de metodologías son las más recurridas?

Y a partir de estas preguntas formular otras un tanto menos específicas y que me llevan de regreso a las cuestiones con las que terminaba mi entrada original. ¿Nos unen metodologías, disciplinas, geografías, lenguas? ¿O es más bien un sentido de afiliación a la idea de humanidades digitales y de querer crear comunidad alrededor de ellas?

Ojalá que quieran completar la encuesta y, si todo sale bien, es decir si hay suficiente información, en unos días podríamos tener algunos resultados preliminares del experimento.

El doble movimiento de lo digital: continuación y refutación

Graham Meikle y Sherman Young en su libro Media Convergence describen la convergencia de medios como un movimiento de continuación y refutación. La caracterización que ellos ofrecen es la que más me ha gustado pues, con ella es posible ver que el movimiento hacia lo digital implica también un movimiento desde lo digital. Aprovecho la oportunidad para volver a mencionar a Katherine Hayles quien plantea que los medios llevan en sí la memoria de sus predecesores y anticipan los que vendrán después. De esta forma un medio dado siempre es una solución inestable a una necesidad o un problema.

A mi me gusta pensar en libros y blogs y revistas y videos y páginas web y Twitter y Facebook y Tumbler y diarios y cuadernos y apps y todo lo demás de esta forma. Todos estos medios juntos, y separados a la vez, como recipientes y transmisores de ideas (grandes, medianas o pequeñas). Mucho se habla de la mudanza hacia los medios digitales, pero poco del movimiento en la otra dirección: de cómo los medios digitales han afectado también lo que hacemos en los analógicos.

A propósito de esto hace pocos días, de casualidad, me encontré con que la celebérrima Moleskine está produciendo cuadernos ‘inteligentes’ con temática de WordPress y Evernote.

Imagen vinculada desde el sitio de Moleskine

Con la consigna en inglés “make your notebook digital” el cuaderno de Evernote es fascinante. Entre la oferta de características ‘digitales’, el cuaderno de Evernote trae una colección de, en México les llamamos, calcomanías que funcionan para etiquetar de la forma más literal las páginas del cuaderno. Además el cuaderno funciona a la par con la aplicación para celulares y tabletas: la idea básica es tomar una fotografía de las páginas de papel y cargarlas a nuestra cuenta de aplicación. Para esto, las hojas, a rayas y cuadros, tienen un diseño especial para que no interfiera con el OCR que permite la cuenta Premium de Evernote incluida con la compra del cuaderno.

La versión conmemorativa del décimo aniversario de WordPress no se queda atrás, e incluso juega de forma todavía más intrincada con la convergencia de medios, pues habla de blogueo analógico. De hecho, es lo que propone; retomando el tropo del diario muy asociado al blog desde sus inicios, el Moleskine de WordPress ofrece, “un continuo en el que convergen los dos medios”. El cuaderno invita a compartir las entradas de blog analógicas en MyMoleskine desde donde se pueden re-publicar en una plataforma de WordPress llamada Moleskinerie: Legends and Stories. Hay también, plantillas (temas) que se pueden descargar, imprimir y pegar en los cuadernos de papel.

Todo esto, sin duda, es un gran estrategia de negocios para una empresa que, a pesar de su legendario nombre, igual que la industria editorial puede estarse viendo afectada por la adopción de plataformas digitales. No obstante, es loable su esfuerzo no sólo de coexistir con sus homólogos digitales, sino de replantear su propia materialidad y lo que ésta permite a su clientela. Más interesante todavía es qué se va a hacer con esta plataforma híbrida en términos de escritura u otra creación artística y, para echarle sal a la herida, cómo las vamos a estudiar. Qué se produce en ellos ya lo iremos viendo. Por lo pronto, me parece verdaderamente fascinante cómo en relativamente poco tiempo, las plataformas digitales han dado la vuelta: ellas remedian lo que se ‘hacía’ en un cuaderno y los cuadernos lo que se hace en los blogs y las aplicaciones. El hilo que parece mantenerlas juntas, de la mano con todos los otros medios y plataformas existentes, este mismo DíaHD y, en sí lo único que parece importarnos a lo largo de los siglos, es tener dónde verter ideas y compartirlas.

Receta para una tesis de humanidades digitales

Esta es la primera vez que escribo sobre mi proyecto de tesis habiendo completado el primer borrador apenas el fin de semana. Es una sensación muy rara tener, finalmente, una versión global, aunque aún un tanto preliminar todavía, del trabajo de dos años de investigación. Entonces para cambiar un poco el tono, en vez de escribir un resumen, les pongo la receta de cómo preparé ‘el pastel’.

Ingredientes:

  • Un proyecto en desarrollo medial constante: Orsai de Hernán Casciari y Christian Basilis (Se incluyen todas las partes: blogs, revista, bar, editorial y comentarios de lectores).
  • Teoría sobre intermedialidad y convergencia de medios
  • Estudios sobre lectura, narrativa y ficción (se pueden utilizar solamente teóricos, pero se recomienda recurrir a los cognitivos y evolutivos también para mejorar la consistencia).
  • Teoría sobre metaficción
  • Una pizca de estudios sobre comunidades virtuales y conductas en medios participatorios
  • Café y te verde al gusto

 Equipo:

  • Sistema de gestión de base de datos en grafo: SylvaDB
  • Programa de visualización y análisis de redes: Gephi
  • Programas de análisis de lenguaje natural: Python, NLTK
  • Programa de análisis estadístico simple
  • Una computadora
  • Una silla cómoda

Procedimiento:

Se toma el proyecto inicial, Orsai, y se desmenuzan sus componentes: autores, piezas, lectores, medios de publicación y comentarios. Ya identificados se organizan en un esquema para construir la base de datos en grafo en SylvaDB. Nótese que aquí lector se entiende no como alguien que lee Orsai, sino alguien que comenta en Orsai. Siguiendo ese esquema se vacía toda la información del proyecto en SylvaDB: qué autor publicó cuál artículo en qué medio y qué lectores comentaron ahí. Los textos mantienen el género que traen de origen y los comentarios se clasifican de acuerdo al número de palabras que contienen (-20, -50, -150 y +150).

 

Mientras se va preparando esa mezcla, lea todas las teorías en la lista de ingredientes. Revise que no le haga falta café o té verde. Cuando la mezcla tenga una consistencia más o menos así, ya está lista para análisis:

 

OrsaiColores

Entonces se vierte todo en Gephi y se analizan las relaciones entre todos sus componentes. Conforme vaya avanzando va a notar que algunos nodos tienen muchísimas más relaciones que otros. Si no lo ha visto, ajuste los ‘grados’ en Gephi. Cuando ya los vea, más o menos así vaya a revisar de qué se tratan dichos artículos, quién los escribió, a qué género perteneces y en qué medio se localizan. Se buscan también las relaciones intertextuales y autorreferenciales que mantienen el proyecto. No se olvide de revisar los niveles de actividad de lectores que corresponden a cada medio.

Cuando termine con eso se hace un análisis de contenido para decorar el pastel. Se introducen todos los comentarios de los lectores en un recipiente y se cuelan por una serie de scripts de python. Con ello va a obtener una serie de palabras con mayor frecuencia de distribución, no se olvide organizarlas siguiendo el desarrollo temporal del proyecto inicial. Cuando estén organizadas, se revisa el contexto en el que aparecen y se formula una explicación de porqué ciertos temas son más importantes en momentos dados. Una vez más revise a qué artículos se dirigieron los comentarios, quién los escribió, en dónde y cuándo.

NOTA: Si necesita ayuda en cualquier momento del procedimiento recurra a su informático de confianza.

Esto deberá darle suficiente información para pasar a la etapa de escritura. Siéntese en su silla frente a la computadora y escriba hasta terminar. Añada más café y té verde al gusto.

‘Hacer escuela’

En el CulturePlex Lab hemos estado desarrollando varias bases de datos desde hace varios años. Todas siguen creciendo con regularidad variable, pero algunas como BaroqueArtDB han llegado al punto en el que nos han permitido realizar investigaciones muy robustas e incluso publicaciones. Pero ése es el final del proceso.

Uno de los retos más recurrentes que me he encontrado en la construcción de las bases de datos, además de las siempre mencionadas dificultades de establecer los metadatos, es introducir toda la información en ellas, un proceso por lo general repetitivo y que parecería mecánico pero que en realidad requiere ser minucioso, constante y cuidadoso. Todos los estudiantes de posgrado que hemos pasado por el laboratorio hemos crecido con alguna o varias de las bases de datos, aprendimos a hacerlas y usarlas.

Además, sobre todo en los proyectos más grandes, enseñamos a otros a utilizarlas e introducir información en ellas. Nuestra práctica ha sido colaborar con estudiantes que son parte del programa de work study, una especie de servicio social que realizan los alumnos de licenciatura que tienen préstamos del gobierno canadiense. Los estudiantes contratados son de las áreas más variopintas imaginables, el proceso de entrenamiento es lento y reiterativo y muchas veces hemos tenido que volver sobre los pasos ya caminados. Los ciclos de work study, además, son cortos: 6-7 meses durante el año escolar y 2-3meses durante el verano. Es decir, hay que volver a empezar, al menos, dos veces por año. Algunos, por fortuna, regresan cada vez. Este cambio disciplinar lo explica mucho mejor Katherine Hayles en How We Think (34-37). Sin todo el trabajo de los estudiantes, los proyectos que hemos realizado no estarían ni a la mitad de como están actualmente.

Se trata, pues, de una tarea ardua de la que depende no solamente la calidad de la base de datos, su alcance y, por lo tanto, su relevancia y, asimismo, su permanencia. Hace un par de meses en el DayofDH2013, Jen Guiliano publicó una de las entradas a mi parecer más importantes – porque le dio al clavo a dos de los problemas más agudos del campo: el financiamiento y la permanencia de los proyectos digitales – titulada ¿por qué no deberías ser humanista digital? (vínculo a la entrada original en inglés). En ella Guiliano insiste en la imposibilidad de hacer las cosas una única vez y aclara “iteramos, construimos, reconstruimos, escribimos, reescribimos y todo lo demás, excepto sacar a la luz proyectos completos, una y otra vez. La vida útil de la mayoría de los proyectos digitales es corta, mucho más corta que la vida de un libro arrumbado en los estantes de la biblioteca.”

Esto es, sin duda, un aspecto problemático cuando se construyen bases de datos (y otros proyectos digitales) pero es también, quizá, uno de los más dinámicos y que, en su periodicidad, mantiene vivos los proyectos. La colaboración, y con ella la convergencia de distintos puntos de vista, es una forma en la que esto se logra, pero no es la única. El que los estudiantes de posgrado aprendamos y luego enseñemos a estudiantes de licenciatura a que realicen parte del trabajo, además, proyecta el futuro de un recurso dado y, con un poco de suerte con los alumnos que regresan, del campo en general. Es decir, en sus propias características, los proyectos digitales parecen conllevar, por así decirlo, una forma de ‘hacer escuela’.

Y con eso me voy a conocer estudiantes que quieren trabajar en el laboratorio.

#DíaHD / #DíaDH

Mañana en la tarde presento al comité del posgrado mi último requerimiento previo a la tesis doctoral: un curso avanzado de licenciatura cuyo tópico es precisamente el tema de mi tesis. En parte para ampliar el público del curso si es que llega a impartirse en algún momento y, en parte porque la gran mayoría (más del 90%, probablemente) de la bibliografía está en inglés decidí diseñar todo el curso en inglés, con opción a que los estudiantes (del departamento de lenguas y literaturas modernas) puedan realizar sus investigaciones en el idioma de su preferencia. La presentación, sin embargo, será en español. Supongo que podría haberla hecho en inglés para ir de acuerdo con el curso, pero ya que todos mis examinadores son hispanohablantes me pareció más lógico, además de respetuoso a todos los involucrados, presentar el curso en español. La verdad es que me daría incluso algo de vergüenza presentar en inglés sólo porque sí. Entonces volví a pensar en el tema de mi entrada anterior, el hacer trabajo académico en una lengua donde se habla otra que enmarqué a propósito del Día de las Humanidades Digitales en español y portugués, y que en esos días surgió de algunos tuits y una conversación vía email con Ernesto Priego.

En cuanto a esto, trabajar en Canadá es una ventaja pues aunque el inglés es dominante y el francés recibe toda la atención como la lengua oficial minoritaria, sí existe una conciencia muy fuerte de que muchas otras lenguas se hablan tanto en casas particulares como en lugares de trabajo y en la academia. Los departamentos de lengua y literatura modernas se mantienen bastante vivos gracias al interés personal e institucional en aprender/enseñar lenguas extranjeras. En gran medida nuestra misión es internacionalizar, por poco que así lo sea, a las nuevas generaciones de profesionales canadienses.

De cualquier forma, en mi departamento, pero no creo equivocarme si digo que en general en la academia ya nos acostumbramos a ‘tener’ que saber inglés porque si no, parecería contar la leyenda urbana, nos perdemos del mundo académico. Peor aún estando en una universidad de habla inglesa. Y sí, de muchas formas es verdad, pero otros idiomas, a menos que sean nuestra área de estudio, quedan por mucho en segundo lugar; incluso, viéndose una rodeada de todo en inglés, la propia lengua tiende a quedarse un poco de lado en la academia. Terribles han sido las veces que tratando de explicar un proyecto en español noto que no tengo el léxico para hacerlo más que en inglés y, de ahí, han salido penosos ríos de espanglish. Y por ello es que desde hace tiempo me he empecinado en traducir todo, hasta la más mínima cita, al idioma en el que estoy escribiendo, presentando o platicando. El asunto se ha convertido en una cuestión de respeto para mi misma – ya no digamos para mis interlocutores – una demanda personal de asumir la responsabilidad de manejar mi tema en mi lengua materna; la cual, además, entiendo como una forma de ofrecer lo poquísimo que he aprendido y que puede no estar ya disponible o accesible a los que me lean o escuchen independientemente de que hablen inglés o no. (Confesión: la expresión que tengo en la mente es ‘bridge the gaps’).

Pero a pesar de las ‘buenas intenciones’ el asunto está más internalizado de lo que me gusta aceptar. También en twitter hace unos días, el mismo Ernesto Priego, otros y yo, nos dábamos de topes en la cabeza por utilizar #DíaDH en lugar de #DíaHD (eso sí con tilde, creo). Es una equivocación inocente que, sin embargo, habla mucho del ir y venir entre lenguas y sus asociaciones cognitivas académicas que estoy segura nos pasa no sólo a los que trabajamos en el extranjero. No obstante, le preguntaba yo a Ernesto si no se trataría de un indicador también de que (aunque el pasatiempo favorito de todos siga siendo preguntarnos qué son las humanidades digitales) el campo – encarnado en su nombre – está mucho más establecido ya en la academia anglófona que en la hispanófona y la lusófona. En ese sentido, además de dar a conocer qué estamos haciendo los humanistas digitales hispanófonos y lusófonos, de compartir nuestros ‘sufrimientos’, de crear más redes entre nosotros, me parece que otro de los grandes logros que podemos obtener de este #DíaHD es ‘secuestrar’ el campo momentáneamente no sólo para darnos visibilidad con otros humanistas digitales en otras lenguas, sino también con los que no lo son en nuestras lenguas.

Una historia sobre HD

2011 fue el año en el que participé en el DayofDH por primera vez. Hacía más de 4 años que vivía en Canadá, pero no tenía ni un año de haber comenzado a hacer, un poco inadvertidamente, humanidades digitales. Uso deliberadamente el verbo hacer porque mi trabajo en HD en ese entonces consistía en hacer cosas, sobre todo organizar cosas: un proyecto de digitalización de diapositivas fotográficas y la configuración casi desde cero de una revista electrónica. La anécdota es la de siempre, hacer una cosa me llevó a pensar cómo la estaba haciendo, las mejores prácticas, etc. Pronto me di cuenta que aunque estaba haciendo “lo mismo de siempre” había cuestiones que habían cambiado, entre ellas que no había utilizado casi ningún medio impreso en la gestación de ninguna de esos proyectos y que el resultado tampoco lo sería. La investigación había cambiado, las preguntas eran distintas y los materiales y los resultados también.

Durante el DayofDH 2011 me maravillé observando los proyectos que otros estaban llevando acabo en la academia anglo, sobre todo, y se me llenó la cabeza de ideas que de alguna manera convergieron en mi tesis de doctorado. No obstante, lo más importante ese año para mi fue conocer a personas con las que ahora colaboro cercanamente justo en el momento en el que RedHD se estaba conformando en México. Un viaje al DF a las pocas semanas favoreció que mi relación con los miembros de la Red terminara de cuajar y que ha devenido muchos otros proyectos y actividades desde entonces y sin que las fronteras impidan la colaboración.

Supongo que el punto de esta primera entrada es, por un lado, que eventos como este sí que tienen el potencial de cohesionar comunidades mucho más allá de las fronteras y por ello mi deseo para esta iniciativa es que el impulso del DíaHD se mantenga antes y después del 10 de junio. Y, por otro lado, otro deseo que el perfil lingüístico del DíaHD, además de exhibir el trabajo hecho en español y portugués se vuelva indicativo de la importancia de la producción académica en dichas lenguas tiene no solamente dentro de ‘sus’ países sino también fuera de ellos, en mano de quienes lo hacemos desde países donde las lenguas oficiales (y dominantes) son otras y de quienes desde países hispano y luso parlantes participan en iniciativas internacionales.