#DíaHD / #DíaDH

Mañana en la tarde presento al comité del posgrado mi último requerimiento previo a la tesis doctoral: un curso avanzado de licenciatura cuyo tópico es precisamente el tema de mi tesis. En parte para ampliar el público del curso si es que llega a impartirse en algún momento y, en parte porque la gran mayoría (más del 90%, probablemente) de la bibliografía está en inglés decidí diseñar todo el curso en inglés, con opción a que los estudiantes (del departamento de lenguas y literaturas modernas) puedan realizar sus investigaciones en el idioma de su preferencia. La presentación, sin embargo, será en español. Supongo que podría haberla hecho en inglés para ir de acuerdo con el curso, pero ya que todos mis examinadores son hispanohablantes me pareció más lógico, además de respetuoso a todos los involucrados, presentar el curso en español. La verdad es que me daría incluso algo de vergüenza presentar en inglés sólo porque sí. Entonces volví a pensar en el tema de mi entrada anterior, el hacer trabajo académico en una lengua donde se habla otra que enmarqué a propósito del Día de las Humanidades Digitales en español y portugués, y que en esos días surgió de algunos tuits y una conversación vía email con Ernesto Priego.

En cuanto a esto, trabajar en Canadá es una ventaja pues aunque el inglés es dominante y el francés recibe toda la atención como la lengua oficial minoritaria, sí existe una conciencia muy fuerte de que muchas otras lenguas se hablan tanto en casas particulares como en lugares de trabajo y en la academia. Los departamentos de lengua y literatura modernas se mantienen bastante vivos gracias al interés personal e institucional en aprender/enseñar lenguas extranjeras. En gran medida nuestra misión es internacionalizar, por poco que así lo sea, a las nuevas generaciones de profesionales canadienses.

De cualquier forma, en mi departamento, pero no creo equivocarme si digo que en general en la academia ya nos acostumbramos a ‘tener’ que saber inglés porque si no, parecería contar la leyenda urbana, nos perdemos del mundo académico. Peor aún estando en una universidad de habla inglesa. Y sí, de muchas formas es verdad, pero otros idiomas, a menos que sean nuestra área de estudio, quedan por mucho en segundo lugar; incluso, viéndose una rodeada de todo en inglés, la propia lengua tiende a quedarse un poco de lado en la academia. Terribles han sido las veces que tratando de explicar un proyecto en español noto que no tengo el léxico para hacerlo más que en inglés y, de ahí, han salido penosos ríos de espanglish. Y por ello es que desde hace tiempo me he empecinado en traducir todo, hasta la más mínima cita, al idioma en el que estoy escribiendo, presentando o platicando. El asunto se ha convertido en una cuestión de respeto para mi misma – ya no digamos para mis interlocutores – una demanda personal de asumir la responsabilidad de manejar mi tema en mi lengua materna; la cual, además, entiendo como una forma de ofrecer lo poquísimo que he aprendido y que puede no estar ya disponible o accesible a los que me lean o escuchen independientemente de que hablen inglés o no. (Confesión: la expresión que tengo en la mente es ‘bridge the gaps’).

Pero a pesar de las ‘buenas intenciones’ el asunto está más internalizado de lo que me gusta aceptar. También en twitter hace unos días, el mismo Ernesto Priego, otros y yo, nos dábamos de topes en la cabeza por utilizar #DíaDH en lugar de #DíaHD (eso sí con tilde, creo). Es una equivocación inocente que, sin embargo, habla mucho del ir y venir entre lenguas y sus asociaciones cognitivas académicas que estoy segura nos pasa no sólo a los que trabajamos en el extranjero. No obstante, le preguntaba yo a Ernesto si no se trataría de un indicador también de que (aunque el pasatiempo favorito de todos siga siendo preguntarnos qué son las humanidades digitales) el campo – encarnado en su nombre – está mucho más establecido ya en la academia anglófona que en la hispanófona y la lusófona. En ese sentido, además de dar a conocer qué estamos haciendo los humanistas digitales hispanófonos y lusófonos, de compartir nuestros ‘sufrimientos’, de crear más redes entre nosotros, me parece que otro de los grandes logros que podemos obtener de este #DíaHD es ‘secuestrar’ el campo momentáneamente no sólo para darnos visibilidad con otros humanistas digitales en otras lenguas, sino también con los que no lo son en nuestras lenguas.

4 thoughts on “#DíaHD / #DíaDH

  1. Pingback: La provincia digital. Parte I. | Mamá, quiero ser humanista digital

  2. Gracias de nuevo por las menciones, Élika, y por otra interesantísima entrada.

    Es bien interesante que puedas hacer la presentación en español. Eso sería impensable acá en el Reino Unido. Incluso en eventos sobre latinoamérica , el inglés sigue siendo el modo default de presentación, y aunque hay ocasiones en que se hace en español siempre queda un poco de duda si los escuchas no nativos logran poner atención (del modo en que uno se “desenchufa” cuando no puede seguir una conversación en otra lengua plenamente) o de plano entender. Lo digo como alguien que no trabaja en un departamento de lenguas o de traducción, he de decir.

    También se me ocurre que en lo que señalas sobre #DíaDH/#DíaHD está la huella del continuo trabajo de traducción (de ida y vuelta) siempre presente no sólo en la experiencia del académico extranjero sino de la investigación académica (sobre todo en áreas afines a las humanidades digitales). La bibliografía, como nos indicas en tu entrada –iba a escribir “en tu post”– está en inglés; al presentarla en español será inevitable que se presenten términos díficiles de traducir, para los cuales incluso se piense no existen términos equivalentes en el español, quizá también por la misma falta de mayor actividad y diseminación de la investigación académica en español, que implica también la ‘imposición’ y promoción de terminologías que se usan, reusan, cuestionan, canonizan y se vuelven a cuestionar y a usar.

    Me parece que parte del placer de este ejercicio del Día de las Humanidades Digitales como bien dices y también he intentado sugerir en mis entradas acá y otros lados no está sólo en atraer y cuantificar a quienes están interesados en este campo y trabajan en español y portugués, sino precisamente en ofrecer una ocasión para ‘empoderarnos’ (buen ejemplo de otro cognado que supongo no existía antes de la popularización del término “empowerment”) mediante la ocasión y el espacio para escribir y difundir ideas en lenguas que no son el inglés.

    El empoderamiento como la descolonización son procesos continuos y arduos; nunca procesos terminados en forma de resultados definidos y cuantificables. Por lo mismo requieren de esfuerzos que quienes por gozar de diferentes privilegios (combinación de lo geopolítico, económico, cultural, racial, étnio, lingüístico, de género) no tienen que hacer.

    Esto quiere decir que así como quienes por azares del destino nacen ciudadanos más o menos privilegiados de economías desarrolladas pueden gozar casi por default de una herencia de capital cultural (no hay necesariamente que reinventar con urgencia de vida o muerte la rueda o el bienestar social, vaya) la investigación en otras lenguas que no son el inglés, al menos en el campo o campos de las humanidades digitales para llevarlo a lo específico, requiere de esfuerzos que en inglés son privilegios que para los investigadores que trabajan y viven en inglés se toman casi por sentado. En español, sobre todo desde latinoamérica (y por lo visto también en portugués, aunque sé poco o casi nada de la “escena” lusófona) me parece que no nos podemos dar el lujo de ser pasivos, pacientes, lentos, o temerosos: sólo se pueden construir redes de trabajo con trabajo (por más pequeña que sea la contribución) y con gente que tenga la disposición de colaborar globalmente (por pocos que sean).

    Caminante que hay camino…

  3. …se hace el camino al andar.

    Y sí, la cuestión que me preocupa de manera personal es lo ‘fácil’ que se ‘vuelve’ trabajar en las economías privilegiadas y, por ello, en su idioma. Que una cosa es hacerlo así dentro del contexto – siempre con sus pros y sus contras – y otra es asumir que ese es el único contexto. Como bien dices no nos podemos dar el lujo de ser pasivos, pacientes, lentos, o temerosos.
    Abrazo

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