La pregunta – ya saben qué pregunta

Esta es la entrada que estaba escribiendo ayer en la noche cuando a Silvia se le ocurrió la historia de la cartografía del DíaHD [ella no quiere el crédito, pero es su idea, yo nada más me adjunté y entre las dos la extendimos]. Terminaba la entrada con dos preguntas grandes, más sugestivas que esperando una respuesta. Ya verán.

*****

Para cerrar mi DíaHD quiero dedicar unas líneas al espinoso asunto de qué son las humanidades digitales y el sentido de comunidad tan fuerte que existe en el campo. Comienzo diciendo que a mi me gusta el término humanidades digitales. Me gusta el sentido de apertura que tiene ‘humanidades’ y que pareciera ir en sentido opuesto de las híperespecificidades académicas y me gusta ‘digitales’ porque nos ciñe a un tipo de medios y nos ubica en un tiempo. Me gusta además que como término, ‘humanidades digitales’ causa curiosidad: que a quien no sabe nada del campo le suena a algo que le puede interesar; y me gusta que quien algo puede saber, quiere saber más así sea para refutarlo. De ahí que sí, con constancia, estamos escuchando y respondiendo la pregunta qué son las humanidades digitales en cualquier discusión por mínima, informal y no académica que sea.

Por supuesto, aunque el término general parezca amplio, lo cierto es que en la práctica no es así. El campo, me parece, es tan específico que, incluso entre proyectos, tenemos dificultades para comunicarnos – los que hacemos análisis de redes no necesariamente sabemos hacer TEI ni nada relacionado con GIS y, probablemente, al contrario. El campo es tan específico que se necesitan varias personas en cada proyecto y que cada una aporte su conocimiento particular.

¿En dónde está, entonces la apertura y la amplitud?

Yo creo que está en la idea de humanidades y en cómo, a pesar de especificidades metodológicas llevamos casi como bandera una idea – tal vez retro o tal vez progre – de que hay algo que une a todas estas disciplinas (letras, historia, filosofía, ciencias de la información, etc.) y que no es nada más el origen grecolatino y renacentista que comparten, ni nada más el uso de computadoras y softwares para estudiar sus objetos.

¿Se trata entonces de un interés compartido y a gran escala de las relaciones humanas y las relaciones humanas a través de sus objetos culturales?

¿Será que en esa gran generalidad está la base del sentido de comunidad tan fuerte que hay entre humanistas digitales?

*****

Regreso a la cartografía HD

La idea de la cartografía tiene dos lados. Una es un mapa, una representación de quiénes somos y dónde estamos. La otra parte, es buscar relaciones para explorar de dónde nos viene el sentido de comunidad e identificación entre las labores tan distintas que realizamos. Aunque la dimensión ‘proyecto’ es parte de las preguntas, el énfasis, un tanto más atómico, está puesto en lo personal. Así dentro de una misma institución, un mismo proyecto puede haber personas de muy diversas características.

Qué información estamos pidiendo: Geográfica e Institucional. Áreas grandes (las disciplinas) y luego, por falta de una mejor palabra, las ‘metodologías’ o ‘aproximaciones’. Finalmente, entre sueños, anoche recordé que habíamos olvido añadir una dimensión temporal y esta mañana añadí la pregunta ¿Hace cuántos años que realizas trabajo en HD? O algo así. Y luego información documental y de contacto.

Entonces qué preguntas nos estamos preguntando con esto:

  • ¿Quiénes somos?
  • ¿Dónde estamos?
  • ¿Cuántos trabajamos juntos o muy cerca geográficamente?
  • ¿En qué momento nos hicimos tantos?
  • ¿Hubo un periodo un tanto latente que, como nos parece ya a varios, ahora está siendo especialmente favorable?
  • ¿Cuáles son las disciplinas dónde se realiza mayor investigación?
  • ¿Qué tipo de metodologías son las más recurridas?

Y a partir de estas preguntas formular otras un tanto menos específicas y que me llevan de regreso a las cuestiones con las que terminaba mi entrada original. ¿Nos unen metodologías, disciplinas, geografías, lenguas? ¿O es más bien un sentido de afiliación a la idea de humanidades digitales y de querer crear comunidad alrededor de ellas?

Ojalá que quieran completar la encuesta y, si todo sale bien, es decir si hay suficiente información, en unos días podríamos tener algunos resultados preliminares del experimento.

#DíaHD / #DíaDH

Mañana en la tarde presento al comité del posgrado mi último requerimiento previo a la tesis doctoral: un curso avanzado de licenciatura cuyo tópico es precisamente el tema de mi tesis. En parte para ampliar el público del curso si es que llega a impartirse en algún momento y, en parte porque la gran mayoría (más del 90%, probablemente) de la bibliografía está en inglés decidí diseñar todo el curso en inglés, con opción a que los estudiantes (del departamento de lenguas y literaturas modernas) puedan realizar sus investigaciones en el idioma de su preferencia. La presentación, sin embargo, será en español. Supongo que podría haberla hecho en inglés para ir de acuerdo con el curso, pero ya que todos mis examinadores son hispanohablantes me pareció más lógico, además de respetuoso a todos los involucrados, presentar el curso en español. La verdad es que me daría incluso algo de vergüenza presentar en inglés sólo porque sí. Entonces volví a pensar en el tema de mi entrada anterior, el hacer trabajo académico en una lengua donde se habla otra que enmarqué a propósito del Día de las Humanidades Digitales en español y portugués, y que en esos días surgió de algunos tuits y una conversación vía email con Ernesto Priego.

En cuanto a esto, trabajar en Canadá es una ventaja pues aunque el inglés es dominante y el francés recibe toda la atención como la lengua oficial minoritaria, sí existe una conciencia muy fuerte de que muchas otras lenguas se hablan tanto en casas particulares como en lugares de trabajo y en la academia. Los departamentos de lengua y literatura modernas se mantienen bastante vivos gracias al interés personal e institucional en aprender/enseñar lenguas extranjeras. En gran medida nuestra misión es internacionalizar, por poco que así lo sea, a las nuevas generaciones de profesionales canadienses.

De cualquier forma, en mi departamento, pero no creo equivocarme si digo que en general en la academia ya nos acostumbramos a ‘tener’ que saber inglés porque si no, parecería contar la leyenda urbana, nos perdemos del mundo académico. Peor aún estando en una universidad de habla inglesa. Y sí, de muchas formas es verdad, pero otros idiomas, a menos que sean nuestra área de estudio, quedan por mucho en segundo lugar; incluso, viéndose una rodeada de todo en inglés, la propia lengua tiende a quedarse un poco de lado en la academia. Terribles han sido las veces que tratando de explicar un proyecto en español noto que no tengo el léxico para hacerlo más que en inglés y, de ahí, han salido penosos ríos de espanglish. Y por ello es que desde hace tiempo me he empecinado en traducir todo, hasta la más mínima cita, al idioma en el que estoy escribiendo, presentando o platicando. El asunto se ha convertido en una cuestión de respeto para mi misma – ya no digamos para mis interlocutores – una demanda personal de asumir la responsabilidad de manejar mi tema en mi lengua materna; la cual, además, entiendo como una forma de ofrecer lo poquísimo que he aprendido y que puede no estar ya disponible o accesible a los que me lean o escuchen independientemente de que hablen inglés o no. (Confesión: la expresión que tengo en la mente es ‘bridge the gaps’).

Pero a pesar de las ‘buenas intenciones’ el asunto está más internalizado de lo que me gusta aceptar. También en twitter hace unos días, el mismo Ernesto Priego, otros y yo, nos dábamos de topes en la cabeza por utilizar #DíaDH en lugar de #DíaHD (eso sí con tilde, creo). Es una equivocación inocente que, sin embargo, habla mucho del ir y venir entre lenguas y sus asociaciones cognitivas académicas que estoy segura nos pasa no sólo a los que trabajamos en el extranjero. No obstante, le preguntaba yo a Ernesto si no se trataría de un indicador también de que (aunque el pasatiempo favorito de todos siga siendo preguntarnos qué son las humanidades digitales) el campo – encarnado en su nombre – está mucho más establecido ya en la academia anglófona que en la hispanófona y la lusófona. En ese sentido, además de dar a conocer qué estamos haciendo los humanistas digitales hispanófonos y lusófonos, de compartir nuestros ‘sufrimientos’, de crear más redes entre nosotros, me parece que otro de los grandes logros que podemos obtener de este #DíaHD es ‘secuestrar’ el campo momentáneamente no sólo para darnos visibilidad con otros humanistas digitales en otras lenguas, sino también con los que no lo son en nuestras lenguas.

Una historia sobre HD

2011 fue el año en el que participé en el DayofDH por primera vez. Hacía más de 4 años que vivía en Canadá, pero no tenía ni un año de haber comenzado a hacer, un poco inadvertidamente, humanidades digitales. Uso deliberadamente el verbo hacer porque mi trabajo en HD en ese entonces consistía en hacer cosas, sobre todo organizar cosas: un proyecto de digitalización de diapositivas fotográficas y la configuración casi desde cero de una revista electrónica. La anécdota es la de siempre, hacer una cosa me llevó a pensar cómo la estaba haciendo, las mejores prácticas, etc. Pronto me di cuenta que aunque estaba haciendo “lo mismo de siempre” había cuestiones que habían cambiado, entre ellas que no había utilizado casi ningún medio impreso en la gestación de ninguna de esos proyectos y que el resultado tampoco lo sería. La investigación había cambiado, las preguntas eran distintas y los materiales y los resultados también.

Durante el DayofDH 2011 me maravillé observando los proyectos que otros estaban llevando acabo en la academia anglo, sobre todo, y se me llenó la cabeza de ideas que de alguna manera convergieron en mi tesis de doctorado. No obstante, lo más importante ese año para mi fue conocer a personas con las que ahora colaboro cercanamente justo en el momento en el que RedHD se estaba conformando en México. Un viaje al DF a las pocas semanas favoreció que mi relación con los miembros de la Red terminara de cuajar y que ha devenido muchos otros proyectos y actividades desde entonces y sin que las fronteras impidan la colaboración.

Supongo que el punto de esta primera entrada es, por un lado, que eventos como este sí que tienen el potencial de cohesionar comunidades mucho más allá de las fronteras y por ello mi deseo para esta iniciativa es que el impulso del DíaHD se mantenga antes y después del 10 de junio. Y, por otro lado, otro deseo que el perfil lingüístico del DíaHD, además de exhibir el trabajo hecho en español y portugués se vuelva indicativo de la importancia de la producción académica en dichas lenguas tiene no solamente dentro de ‘sus’ países sino también fuera de ellos, en mano de quienes lo hacemos desde países donde las lenguas oficiales (y dominantes) son otras y de quienes desde países hispano y luso parlantes participan en iniciativas internacionales.