‘Hacer escuela’

En el CulturePlex Lab hemos estado desarrollando varias bases de datos desde hace varios años. Todas siguen creciendo con regularidad variable, pero algunas como BaroqueArtDB han llegado al punto en el que nos han permitido realizar investigaciones muy robustas e incluso publicaciones. Pero ése es el final del proceso.

Uno de los retos más recurrentes que me he encontrado en la construcción de las bases de datos, además de las siempre mencionadas dificultades de establecer los metadatos, es introducir toda la información en ellas, un proceso por lo general repetitivo y que parecería mecánico pero que en realidad requiere ser minucioso, constante y cuidadoso. Todos los estudiantes de posgrado que hemos pasado por el laboratorio hemos crecido con alguna o varias de las bases de datos, aprendimos a hacerlas y usarlas.

Además, sobre todo en los proyectos más grandes, enseñamos a otros a utilizarlas e introducir información en ellas. Nuestra práctica ha sido colaborar con estudiantes que son parte del programa de work study, una especie de servicio social que realizan los alumnos de licenciatura que tienen préstamos del gobierno canadiense. Los estudiantes contratados son de las áreas más variopintas imaginables, el proceso de entrenamiento es lento y reiterativo y muchas veces hemos tenido que volver sobre los pasos ya caminados. Los ciclos de work study, además, son cortos: 6-7 meses durante el año escolar y 2-3meses durante el verano. Es decir, hay que volver a empezar, al menos, dos veces por año. Algunos, por fortuna, regresan cada vez. Este cambio disciplinar lo explica mucho mejor Katherine Hayles en How We Think (34-37). Sin todo el trabajo de los estudiantes, los proyectos que hemos realizado no estarían ni a la mitad de como están actualmente.

Se trata, pues, de una tarea ardua de la que depende no solamente la calidad de la base de datos, su alcance y, por lo tanto, su relevancia y, asimismo, su permanencia. Hace un par de meses en el DayofDH2013, Jen Guiliano publicó una de las entradas a mi parecer más importantes – porque le dio al clavo a dos de los problemas más agudos del campo: el financiamiento y la permanencia de los proyectos digitales – titulada ¿por qué no deberías ser humanista digital? (vínculo a la entrada original en inglés). En ella Guiliano insiste en la imposibilidad de hacer las cosas una única vez y aclara “iteramos, construimos, reconstruimos, escribimos, reescribimos y todo lo demás, excepto sacar a la luz proyectos completos, una y otra vez. La vida útil de la mayoría de los proyectos digitales es corta, mucho más corta que la vida de un libro arrumbado en los estantes de la biblioteca.”

Esto es, sin duda, un aspecto problemático cuando se construyen bases de datos (y otros proyectos digitales) pero es también, quizá, uno de los más dinámicos y que, en su periodicidad, mantiene vivos los proyectos. La colaboración, y con ella la convergencia de distintos puntos de vista, es una forma en la que esto se logra, pero no es la única. El que los estudiantes de posgrado aprendamos y luego enseñemos a estudiantes de licenciatura a que realicen parte del trabajo, además, proyecta el futuro de un recurso dado y, con un poco de suerte con los alumnos que regresan, del campo en general. Es decir, en sus propias características, los proyectos digitales parecen conllevar, por así decirlo, una forma de ‘hacer escuela’.

Y con eso me voy a conocer estudiantes que quieren trabajar en el laboratorio.