Archivo por meses: junio 2013

Internet: otro Nuevo Mundo

Hace 20 años, en mis últimos cursos de licenciatura, colaboré en lo que se llamaba el Aula IBM, un aula informática de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Allí colaboraba un ingeniero en telecomunicaciones que estaba haciendo su tesis doctoral y, probando cosas, accedíamos a un mundo en el que todo era sorprendente y maravilloso. Se trataba de Internet. Recuerdo perfectamente cómo, “jugando”, entrábamos en algo que Fernando, aquel ingeniero, llamaba una página web. Se trataba de una pizzería con sede en Nueva York. Hacíamos un pedido de una pizza y sonreíamos cuando el ordenador nos devolvía un mensaje en el que la pizzería nos informaba de que nuestra residencia quedaba fuera de su área de reparto.

Todo era sorprendente y maravilloso, increíble y extraordinario. Si hubiéramos tenido que escribir una crónica de aquellas primeras exploraciones, probablemente no hubiera sido muy distinta, en los adjetivos empleados, de las primeras crónicas de Indias que describían la naturaleza americana. Porque aquella naturaleza, digital en este caso, seguía siendo americana y maravillosa.

Nos imaginábamos cómo sería el futuro y la cantidad de cosas que se podría hacer gracias a aquella increíble red. Un Nuevo Mundo de posibilidades se abría ante nosotros, aunque como ocurre ante cada nueva aventura no podíamos saber hacia dónde nos iba a llevar aquel camino recién emprendido. No hizo falta esperar mucho. Internet creció y se instaló en nuestras vidas a una velocidad de vértigo. Uno de los primeros problemas que los humanistas encontramos en Internet fue una gran dificultad a la hora de encontrar información de calidad, discernir qué merecía la pena y qué no en una inabarcable amalgama de páginas comerciales y de todo tipo. Los primeros esfuerzos de algunas instituciones se dirigieron a rastrear en internet páginas e iniciativas que fueran interesantes para el mundo académico, tanto docente como investigador. Webs como las de Argus Clearinghouse o iniciativas como las del profesor de historia Anaclet Pons, de la Universidad de Alicante, eran objeto de nuestro interés a la hora de seleccionar los contenidos que Internet, convertido en un gigantesco monstruo informe, nos proporcionaba sin orden ni clasificación alguna.

No existía Google y cuando este motor de búsqueda nació no era lo que hoy es, sino uno más entre varios. Como suele ocurrir, las soluciones fueron desarrollándose en la medida en que los problemas las hacían imprescindibles. La red no ha dejado de sorprendernos desde entonces. Bases de datos vinculadas a páginas web, blogs, revistas digitales, periódicos personales, redes sociales y un largo etcétera de aplicaciones a nuestra disposición han transformado la red en un espacio en el que buscar materiales para nuestro trabajo y en el que mostrar nuestros propios resultados de investigación.

Sólo han pasado 20 años y el proceso sigue abierto, en constante cambio, de modo que todavía no estamos en condiciones de contar la historia, pero sí de explicar nuestras vivencias. Eso, no otra cosa, es lo que pretendía con estas líneas.