Internet: otro Nuevo Mundo

Hace 20 años, en mis últimos cursos de licenciatura, colaboré en lo que se llamaba el Aula IBM, un aula informática de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Allí colaboraba un ingeniero en telecomunicaciones que estaba haciendo su tesis doctoral y, probando cosas, accedíamos a un mundo en el que todo era sorprendente y maravilloso. Se trataba de Internet. Recuerdo perfectamente cómo, “jugando”, entrábamos en algo que Fernando, aquel ingeniero, llamaba una página web. Se trataba de una pizzería con sede en Nueva York. Hacíamos un pedido de una pizza y sonreíamos cuando el ordenador nos devolvía un mensaje en el que la pizzería nos informaba de que nuestra residencia quedaba fuera de su área de reparto.

Todo era sorprendente y maravilloso, increíble y extraordinario. Si hubiéramos tenido que escribir una crónica de aquellas primeras exploraciones, probablemente no hubiera sido muy distinta, en los adjetivos empleados, de las primeras crónicas de Indias que describían la naturaleza americana. Porque aquella naturaleza, digital en este caso, seguía siendo americana y maravillosa.

Nos imaginábamos cómo sería el futuro y la cantidad de cosas que se podría hacer gracias a aquella increíble red. Un Nuevo Mundo de posibilidades se abría ante nosotros, aunque como ocurre ante cada nueva aventura no podíamos saber hacia dónde nos iba a llevar aquel camino recién emprendido. No hizo falta esperar mucho. Internet creció y se instaló en nuestras vidas a una velocidad de vértigo. Uno de los primeros problemas que los humanistas encontramos en Internet fue una gran dificultad a la hora de encontrar información de calidad, discernir qué merecía la pena y qué no en una inabarcable amalgama de páginas comerciales y de todo tipo. Los primeros esfuerzos de algunas instituciones se dirigieron a rastrear en internet páginas e iniciativas que fueran interesantes para el mundo académico, tanto docente como investigador. Webs como las de Argus Clearinghouse o iniciativas como las del profesor de historia Anaclet Pons, de la Universidad de Alicante, eran objeto de nuestro interés a la hora de seleccionar los contenidos que Internet, convertido en un gigantesco monstruo informe, nos proporcionaba sin orden ni clasificación alguna.

No existía Google y cuando este motor de búsqueda nació no era lo que hoy es, sino uno más entre varios. Como suele ocurrir, las soluciones fueron desarrollándose en la medida en que los problemas las hacían imprescindibles. La red no ha dejado de sorprendernos desde entonces. Bases de datos vinculadas a páginas web, blogs, revistas digitales, periódicos personales, redes sociales y un largo etcétera de aplicaciones a nuestra disposición han transformado la red en un espacio en el que buscar materiales para nuestro trabajo y en el que mostrar nuestros propios resultados de investigación.

Sólo han pasado 20 años y el proceso sigue abierto, en constante cambio, de modo que todavía no estamos en condiciones de contar la historia, pero sí de explicar nuestras vivencias. Eso, no otra cosa, es lo que pretendía con estas líneas.

2 pensamientos en “Internet: otro Nuevo Mundo

  1. Avatar de Silvia GutiérrezSilvia Gutiérrez

    ¿Y de qué iba Argus Clearinghouse y la iniciativa de Anaclet Pons?, ¿y qué hacían en el Aula IBM?, me quedé con esas dudas.
    Y bueno, ya te decía por otro medio que me gustó mucho tu post. Desde los días que la vena lingüística me pulsaba más la sangre; leer metáforas me pareció que era casi lo mismo que la imposible actividad de observar la mirada (qué soso suena eso, pero es la única forma que se me ocurre para decirlo).
    ¿”Navegar”, “surfear” son palabras que cantan cómo imaginamos el ciber”espacio”?, ¿como aguas, más que tierra tierra firme? De cualquier forma la idea de un navegante que llega a un resquicio del mundo que antes era invisible me ha tenido pensando cosas increíbles. ¡Gracias!
    …una de esas es el potencial utópico que representó la Red (como el Nuevo Mundo) para todos los no-nativos y el extraño/no-extraño caso de que ese ideal se casi inexistente para los que ya nacieron ahí, para los que la normalidad les hace perder de vista el orden de cosas anterior a la Web. Algo así leí aquí: http://www.pewinternet.org/~/media/Files/Reports/2005/Internet_Status_2005.pdf.pdf, quizá te interese como a mí.

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  2. Avatar de Élika OrtegaÉlika Ortega

    ¡Qué linda entrada Álvaro!
    Yo creo que todos tenemos alguna vivencia parecida. En mi caso, tal vez lo escriba más tarde, al tiempo que el internet se hacía popular yo estudiaba inglés – segunda mitad de los 90. Me acuerdo muy claro de una de las lecturas del libro de texto que se llamaba The Information Highway y se trataba justamente de internet y de cómo todo era tan rápido y tan lleno de todo. Una maravilla que ojalá exista todavía en la casa materna para una antología retro (mmmm eso ya me suena a proyecto futuro).

    Por otra parte, la comparación de lo que pasa a partir del internet con la primera globalización es prácticamente el mantra del laboratorio, supongo que porque también estudiamos los siglos de oro. Pero lo más interesante es lo mucho que se han tenido que extender, torcer, forzar y acomodar las disciplinas y las formas de pensamiento para dar cuenta de lo que sucede, además, en tiempo real. En el presente, igual que hace 500 años.

    Abrazo.

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