La Red cartografiada: humanistas digitales en el mapa

¿Tienes proyectos de HD?, ¿trabajas en algún centro donde el quehacer humanista se aprovecha de las herramientas digitales? ¡Queremos saber!
A Élika Ortega (@elikaortega) y a mí se nos ocurrió hacer esta encuesta y el plan es volverlo un mapa para que podamos tener una idea cartográfica de (literal) por qué rumbos va el quehacer de las HD en nuestros respectivos idiomas

 

mapa-de-humanistas

El mapa de las maestrías en Humanidades Digitales

Como vi que Sonia Tascón se preguntaba en su cuenta de twitter, qué maestrías en HD existen, antes de postear la tan prometida entrada de qué hago en mi día que sea HD, se me ocurrió compartir otro mapa que hice cuando buscaba dónde hacer un MA en Digital Humanities.
De nuevo, como en el mapa de las actividades de HD en España, creo que un mapa nos da un vantage point, nos permite tomar vuelo, ver algo que en las líneas del texto (como en la vista desde la tierra) no se revela sino desde la altura.
Por cierto que no deben perderse la entrada de Isabel Galina de “El dónde y cómo de las Humanidades Digitales” donde además de citar los centros de profesionalización Galina nos presenta los centros, asociaciones y demás avocados a esta onda de las “humanidades atravesadas por la tecnología” (Jabberwocky dixit)

 

Mapa de maestrías en Humanidades Digitales

Ver Maestría en Digital Humanities en Gmaps

Si alguien tiene otra información o así, claro que me encantaría conocerla para mejorar el mapa Ü

 

 

El mapa de las humanidades digitales en España

Ya se van enterando que lo que me gusta a mí es la cartografía.

En un rato más cumpliré la tarea esperada y diré qué de mi día de trabajo en la Biblioteca Digital de Humanidades se relaciona con las HD.

Pero antes, quiero compartir algo que hice en mi pausa de café:

Leí el post de Sagrario López sobre los eventos que se van haciendo en torno a las HD en España.  Me gustó mucho, lo completé con la entrada de Álvaro Baraibar, usé mi bello complemento para Firefox (Search with Google Maps) y aquí está, un mapita que en Neatline estaría increíble (para explorarlo por años) pero que de entrada da una visión rápida del movimiento en torno a las Humanidades Digitales que se da en España*:

Mapa de las HD en España
*Me encantaría hacerlo sobre lo mismo en México pero tal vez quedaría muy en el DF (Ciudad de México)?
En fin, si encuentras algún error o quieres ampliarlo dime que con gusto lo mejoramos juntos :)

También estaría interesante hacer uno de las HD en Español que no necesariamente se dan los países hispanoparlantes como dijo en DíaHD/DíaDH  Élika Ortega.

 

La provincia digital. Parte II (primeros intentos)

Como hice un post muy largo lo dividí en tres partes: en la primera parte , hablo de cómo los buscadores nos han cambiado la forma en que encontramos respuestas pero también en la que nos hacemos preguntas; en la segunda, sobre mi encuentro con una base de datos libre para una biblioteca escolar y de  cómo una herramienta muy útil en principio, al no tener su base en línea ni susceptible del trabajo colectivo corre el riesgo de derivar en la combinación fatal de mucho-esfuerzo+pérdida-total-de-tiempo-y-trabajo. Cierro el bloque  con una búsqueda que va más allá de la obtención de datos y pone como premisa las formas en que esos datos pueden ser vistos/interpratados, en concreto: la última parte de este post está configurada con mis apuntes de cómo se podría crear un mapa de la literatura mexicana extrayendo información de Wikipedia, pues los mapas justamente nos permiten convertir el tiempo en espacio y ver el territorio invisible a los ojos.

Sobre buscadores y epifanías

Mi primer acercamiento al lenguaje del Internet fue Google. Estaba en la secundaria. Una chica que tenía un programa en la tele local dijo que había encontrando la respuesta a no sé qué tarea en gúgul. Mi reacción fue wow, encontró la respuesta en un misterioso “buscador”. Hice mil intentos tipográficos para encontrarlo yo hasta que di con la herramienta que de cierta forma cambió mi forma de cuestionarme cosas… y de encontrarlas (justo ahora pienso en el Proyecto de Ernesto Priego  de pensar/utilizar las Humanidades Digitales como [una forma de] Disidencia Cognitiva).

Y bueno volviendo al tema del buscador: mi espasmo no era para menos: Google pronto se convirtió (no sólo para mí, sino pare el MUNDO) en la puerta a los tesoros de los ladrones: sólo había que poner el ábrete-sésamo correcto en la barra en blanco y bum, se abría un universo.

Google en 2001

No es que jamás hubiera experimentado algo similar. Ya me había tocado emocionarme en las bibliotecas con las búsquedas booleanas. Pero esto era diferente. Había algo en la forma en que la pregunta se empalmaba con la respuesta, que me causó intriga. ¿Me entienden? Se me ocurre, por no tener metáfora mejor, que Google volvió profana (pero no mala ni nada así, sólo común) la epifanía. O para no ponerlo tan sacro-épico, las apariciones (“casa en medio del mar”, “las bibliotecas más hermosas del mundo“).

Cantidad versus calidad

Sin embargo, también en el camino me fui decepcionando de la proliferación de sitios con información de baja calidad y el crecimiento desmesurado de blogs en los que la premisa era producir y no contribuir (una fórmula que inevitablemente desemboca en la repetición ad infinitum de ciertos clichés). En un post anterior ya mencioné las páginas que me hicieron querer ser parte del grupo más preocupado con lo segundo (colaborar) que con lo primero (crear) y fue así que cuando entré a la carrera intenté hacer lo propio: ver formas en que lo que había aprendido de otros, le sirviera a unos cuantos más.

Bibliotecas rancheras

Mi primer intento fue local: acondicionar un salón de usos múltiples (aka tiradero) de la primaria pública de mi barrio en Coatepec y hacer ahí una biblioteca con los libros del rincón (una iniciativa del gobierno mexicano de donar libros increíbles a las escuelas estatales). Y bien cuento esto porque justo fue mi primera experiencia con un sistema de bases de datos gratuito: BIBLIO (un programa en español y gallego que sirve no sólo para tener un catálogo sino también el registro de préstamos).

El final de ese asunto fue triste: la compu de la escuelita se trabó y todo mi semestre de registros lo perdí. Justo ahora pienso: bueno, si existe el catálogo en línea ¿no habrá forma de migrar los datos bibliográficos a un gestor o desarrollarlo para que cada biblioteca del país tenga ese sistemita? ¡Ay, si alguien sabe dígame!

Literatura mexicana 2.0: redes sociales y mapas

Ya en la carrera, para el proyecto final de Literatura Mexicana del Siglo XIX, se me ocurrió hacer junto con mi equipo (Diego Armando Lima Martínez, Nayeli Olmedo Hernández y Rosa María Tapia Malagón) perfiles de Facebook para los poetas decimonónicos más destacados (cada liga lleva a las páginas de FB que les hicimos):

Y ya entrados en la emoción de representar sus perfiles de alguna manera, se me ocurrió ponerlos en el mapa… literal. Fue así que intenté ubicar los lugares en los que habían nacido y los marqué en GMaps. El resultado lo pueden consultar aquí: http://goo.gl/maps/wzWpM

Claro que no quedé jamás satisfecha y por eso después quise, además, hacer una cartografía de los Bandidos del Río Frío, de las Memorias de mis tiempos (como el LitMap de Barbara Hui), de las influencias de los escritores mexicanos (como una fusión entre The Republic of Letters del equipo de Stanford y la gráfica de la Historia de la Filosofía de Simon Raper) y entre todas esas locuras pensé que al final, lo que más se me antojaba hacer era el ambicioso proyecto de un Atlas de la Literatura Mexicana.

Por supuesto que aún me falta entender y aprender muchísimas cosas. Es por eso que espero dedicar un tiempo a entender ciertos lenguajes y herramientas que me permitan armar este proyecto. Mis propósitos son:

  1. Aprender el Standard Query Language (SQL) para extraer datos de Wikipedia a través de Dbpedia (como hizo Simon Raper)
  2. Dominar el uso del servicio de Yahoo Placefinder y Placespotter para ubicar automáticamente lugares de nacimiento o locaciones de un texto, en un mapa
  3. Evaluar si la extensión de Omeka, Neatline, que permite “contar historias” con líneas del tiempo y mapas, es la adecuada para crear este Atlas.

Claro que esto es de lo más alocado que se me ha ocurrido jamás y nunca pretendería llevarlo a cabo sola. Una vez que entienda mejor el funcionamiento de las tres herramientas que menciono arriba, me encantaría hacer talleres para ver qué otra gente se anima a jugar en esta empresa. Lanzo pues mi botellita al mar. Mi sueño es que cuando alguien le pregunte al almighty Google (o al buscador que lo suplante) ¿dónde nació Velarde?, ¿dónde está Río Frío?, cosas así, se abra ante sus ojos un mapa, lleno de viajes, de posibilidades.

La provincia digital. Parte I

 

Si el español es un poco la periferia de las Humanidades Digitales (vea el post de Élika al respecto), la provincia mexicana es la mancha verde del mapa, sin calles ni marcas.

Así que para calentar la escritura en el por-mí-tan-difícilmente-practicable-arte-de-postear-en-blogs haré un recorrido de cómo llegue a las humanidades digitales para que acaso el lector no-mexicano/no-provinciano se dé una idea de cómo está el panorama fuera de cualquier lugar que no es el centro.

La historia de las HD en mi vida pueden contar su inicio en una etapa en la que me volví aficionada de una práctica en ese entonces para mí sin nombre. Es decir, en algo que me gustaba pensar también como una lengua híbrida, como el espanglish de los HD-hispanohablantes, como la intersección entre la caja geométrica e infinita de la lógica digital y el ave loca y rara de la literatura y el mito.

¿Cómo ocurrió este acercamiento en una chica de provincias (llámense Guanuajato o Xalapa)?

En parte fue que mi tía Adalia me compró mi regalo de 15 años (una computadora con Internet AOL infinito) a los 13.

En parte fue que mi educación cristiana –la cual implicaba leer la Valera de Estudio con mil referencias cruzadas por versículo, etimologías griegas  y hebreas, índices de palabras claves, mapas, traducciones alternativas y demás– hizo crecer en mí, niña en los 90′s, el deseo de que existieran ediciones digitales, en el sentido literal y naïv: es decir, que al ser tocadas con los dedos hicieran algo (por cierto que, aunque es ocioso decirlo, ahora existen)

En parte fue también que mi amor por la Odisea, la Retórica y mi ñoña necesidad de saber las palabras exactas con las que tal o cual cosa fue dicha, me llevaron a la Biblioteca Digital Perseus de Gregory R. Crane y al diccionario de Etimologías en Línea de Douglas Harper, y en parte fue que la emoción por estos encuentros me hicieron pensar uff necesito aprender esto para emprender iniciativas así en español.

Corona esta lista aliterada, Wikipedia. Por razones que no me cansaré de decir esta enciclopedia es a mí lo que a Borges la Británica. Y algo muy parecido a lo que sintió J. L. B. al leer por azar el volumen DR (de Dryden, druidas y drusos) siento yo cuando pulso el botón del Special:Random o cuando me pierdo en el laberinto infinito de los vínculos (qué linda esa palabra).

Es decir, creo que un regalo oportuno (una computadora) conjugada a la tradición de buscar unir ideas lejanas (como hacen las referencias-cruzadas) sumado al ejemplo de otros antes que yo, preocupados por no sólo unir ideas sino obsequiarlas, hizo que, incluso antes de saber que existían las Humanidades Digitales, sospechara que había una posibilidad muy humana en el universo digital y que yo, quería ser parte de eso.

Y para ser parte de algo no es esencial pero sí importante que ese algo tenga un nombre. Un nombre como mapa del espacio invisible nos permite llegar, ubicarnos, reconocer caminos y compartir rutas. Y si bien en las universidades de muchas provincias en México aún no hay talleres de HD ni han llegado noticias de ese “archipiélago“, el hecho de que exista una forma de desginarlo en nuestro idioma, hashtagearlo (#RedHD, #humanistadigital, #DíaHD) e incluso encontrar proyectos o ideas al respecto en la página de la Red de Humanistas Digitales hace que si bien aún no hemos hemos llegado a las islitas de las HD, por lo menos tengamos la cartografía para encontrarlas.

Sin duda, como dijo Álvaro Baraibar en otro post son “buenos tiempos para las humanidades digitales en español”, y tal vez incluso, buenos tiempos para muchas otras periferias (ejem, #dhpoco).