La provincia digital. Parte II (primeros intentos)

Como hice un post muy largo lo dividí en tres partes: en la primera parte , hablo de cómo los buscadores nos han cambiado la forma en que encontramos respuestas pero también en la que nos hacemos preguntas; en la segunda, sobre mi encuentro con una base de datos libre para una biblioteca escolar y de  cómo una herramienta muy útil en principio, al no tener su base en línea ni susceptible del trabajo colectivo corre el riesgo de derivar en la combinación fatal de mucho-esfuerzo+pérdida-total-de-tiempo-y-trabajo. Cierro el bloque  con una búsqueda que va más allá de la obtención de datos y pone como premisa las formas en que esos datos pueden ser vistos/interpratados, en concreto: la última parte de este post está configurada con mis apuntes de cómo se podría crear un mapa de la literatura mexicana extrayendo información de Wikipedia, pues los mapas justamente nos permiten convertir el tiempo en espacio y ver el territorio invisible a los ojos.

Sobre buscadores y epifanías

Mi primer acercamiento al lenguaje del Internet fue Google. Estaba en la secundaria. Una chica que tenía un programa en la tele local dijo que había encontrando la respuesta a no sé qué tarea en gúgul. Mi reacción fue wow, encontró la respuesta en un misterioso “buscador”. Hice mil intentos tipográficos para encontrarlo yo hasta que di con la herramienta que de cierta forma cambió mi forma de cuestionarme cosas… y de encontrarlas (justo ahora pienso en el Proyecto de Ernesto Priego  de pensar/utilizar las Humanidades Digitales como [una forma de] Disidencia Cognitiva).

Y bueno volviendo al tema del buscador: mi espasmo no era para menos: Google pronto se convirtió (no sólo para mí, sino pare el MUNDO) en la puerta a los tesoros de los ladrones: sólo había que poner el ábrete-sésamo correcto en la barra en blanco y bum, se abría un universo.

Google en 2001

No es que jamás hubiera experimentado algo similar. Ya me había tocado emocionarme en las bibliotecas con las búsquedas booleanas. Pero esto era diferente. Había algo en la forma en que la pregunta se empalmaba con la respuesta, que me causó intriga. ¿Me entienden? Se me ocurre, por no tener metáfora mejor, que Google volvió profana (pero no mala ni nada así, sólo común) la epifanía. O para no ponerlo tan sacro-épico, las apariciones (“casa en medio del mar”, “las bibliotecas más hermosas del mundo“).

Cantidad versus calidad

Sin embargo, también en el camino me fui decepcionando de la proliferación de sitios con información de baja calidad y el crecimiento desmesurado de blogs en los que la premisa era producir y no contribuir (una fórmula que inevitablemente desemboca en la repetición ad infinitum de ciertos clichés). En un post anterior ya mencioné las páginas que me hicieron querer ser parte del grupo más preocupado con lo segundo (colaborar) que con lo primero (crear) y fue así que cuando entré a la carrera intenté hacer lo propio: ver formas en que lo que había aprendido de otros, le sirviera a unos cuantos más.

Bibliotecas rancheras

Mi primer intento fue local: acondicionar un salón de usos múltiples (aka tiradero) de la primaria pública de mi barrio en Coatepec y hacer ahí una biblioteca con los libros del rincón (una iniciativa del gobierno mexicano de donar libros increíbles a las escuelas estatales). Y bien cuento esto porque justo fue mi primera experiencia con un sistema de bases de datos gratuito: BIBLIO (un programa en español y gallego que sirve no sólo para tener un catálogo sino también el registro de préstamos).

El final de ese asunto fue triste: la compu de la escuelita se trabó y todo mi semestre de registros lo perdí. Justo ahora pienso: bueno, si existe el catálogo en línea ¿no habrá forma de migrar los datos bibliográficos a un gestor o desarrollarlo para que cada biblioteca del país tenga ese sistemita? ¡Ay, si alguien sabe dígame!

Literatura mexicana 2.0: redes sociales y mapas

Ya en la carrera, para el proyecto final de Literatura Mexicana del Siglo XIX, se me ocurrió hacer junto con mi equipo (Diego Armando Lima Martínez, Nayeli Olmedo Hernández y Rosa María Tapia Malagón) perfiles de Facebook para los poetas decimonónicos más destacados (cada liga lleva a las páginas de FB que les hicimos):

Y ya entrados en la emoción de representar sus perfiles de alguna manera, se me ocurrió ponerlos en el mapa… literal. Fue así que intenté ubicar los lugares en los que habían nacido y los marqué en GMaps. El resultado lo pueden consultar aquí: http://goo.gl/maps/wzWpM

Claro que no quedé jamás satisfecha y por eso después quise, además, hacer una cartografía de los Bandidos del Río Frío, de las Memorias de mis tiempos (como el LitMap de Barbara Hui), de las influencias de los escritores mexicanos (como una fusión entre The Republic of Letters del equipo de Stanford y la gráfica de la Historia de la Filosofía de Simon Raper) y entre todas esas locuras pensé que al final, lo que más se me antojaba hacer era el ambicioso proyecto de un Atlas de la Literatura Mexicana.

Por supuesto que aún me falta entender y aprender muchísimas cosas. Es por eso que espero dedicar un tiempo a entender ciertos lenguajes y herramientas que me permitan armar este proyecto. Mis propósitos son:

  1. Aprender el Standard Query Language (SQL) para extraer datos de Wikipedia a través de Dbpedia (como hizo Simon Raper)
  2. Dominar el uso del servicio de Yahoo Placefinder y Placespotter para ubicar automáticamente lugares de nacimiento o locaciones de un texto, en un mapa
  3. Evaluar si la extensión de Omeka, Neatline, que permite “contar historias” con líneas del tiempo y mapas, es la adecuada para crear este Atlas.

Claro que esto es de lo más alocado que se me ha ocurrido jamás y nunca pretendería llevarlo a cabo sola. Una vez que entienda mejor el funcionamiento de las tres herramientas que menciono arriba, me encantaría hacer talleres para ver qué otra gente se anima a jugar en esta empresa. Lanzo pues mi botellita al mar. Mi sueño es que cuando alguien le pregunte al almighty Google (o al buscador que lo suplante) ¿dónde nació Velarde?, ¿dónde está Río Frío?, cosas así, se abra ante sus ojos un mapa, lleno de viajes, de posibilidades.

2 thoughts on “La provincia digital. Parte II (primeros intentos)

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