Igual que rederos

Empujada por Élika Ortega  he decidido escribir estas líneas para el #díaHD. Como le dije, me daba no sé qué postear para celebrar el día de un ámbito del que todavía no me siento una parte activa, pero finalmente ella me convenció de que se trataba precisamente de eso, de habilitar un espacio donde cada uno pudiera contar la relación, fuera del grado que fuera, que mantiene con las Humanidades Digitales. Y a mí, que soy muy de imaginar, me dio por visualizar todos los post escritos al respecto como los probables primeros nudos de una red de humanistas digitales en español y portugués, que se sumarían a las tramas creadas en las distintas iniciativas y congresos que ya se están llevando a cabo. Vamos, que me dio por intuir que esto podía ser una oportunidad. Y oportunidades es lo que busco.

Ya lo he dejado caer más arriba, pero quiero recalcar que mi relación con las Humanidades Digitales no es ni siquiera relación. Como todos los encuentros casuales, el mío con las HD se produjo sin que pudiera preverlo, sobre todo porque no sabía de su existencia.  De esto hace apenas un año. Yo deambulaba por la Red en busca de algo que me llevara al campo profesional de las Humanidades. Ese había sido mi destino académico, en concreto la Filología, y mi espacio vital por naturaleza. Pero como no siempre una está en el ámbito donde le es propio vivir yo estaba, y estoy aún, instalada boqueando en otro. Ya casi ahogada, decidí buscar lo que me era propio, y en mi intento de encontrar la senda que me llevase de nuevo hasta las Humanidades, me topé con las HD. Lancé tantas búsquedas a la Red que no puedo saber ahora cuál fue el itinerario gracias al cual acabé encontrándome con ellas, pero sí sé de quién escuché por primera vez el término “Humanidades Digitales”. Fue de boca de Juan Luis Suárez, director del CulturePlex Lab de la Western U., Canadá, en una conferencia que impartió en MediaLab Prado. Cuando el vídeo terminó, todas esas innominadas ideas que pululaban como una masa informe por mi cabeza, todas esas actividades y prácticas tan variadas de las que había sido usuaria y sobre las que pensaba en términos “qué narices hay que hacer para poder trabajar en algo así” se agruparon bajo una misma etiqueta. Y al ser una unidad, miscelánea, pero unidad, se podía dirigir la vista hacia ella. Y al poder mirarla de una sola vez podía convertirla en un objetivo fijo; y si la convertía en un objetivo fijo ya no era una idea sino una oportunidad.

Una vez visualizado el objetivo tenía que trazar la estrategia para llegar hasta él. Al poco me cayó del cielo, del cielo de Twitter, el MOOC El humanista digital, impartido por Juan Luis Suárez y el equipo del CulturePlex Lab de la Western U., gracias al cual redefiní mi objetivo y comencé a dibujar el camino que me llevaría hasta él. Y en esas sigo, porque no es tarea fácil. Como dice Álvaro Baraibar, la falta de oficialidad, de un currículo estable, complica un tanto la labor. Las horas que robo a mis días me las paso frente al ordenador buscando iniciativas y proyectos, ojeando blogs, intercambiando tuits… pero ¿cómo puedo empezar a ser una humanista digital? ¿Qué iniciativas de HD hay fuera del mundo académico? ¿Cómo meto la cabeza en algún proyecto si estoy fuera del ámbito académico? ¿Cuál es el primer paso del itinerario?

Me da vértigo la inmensidad, no puedo evitarlo. Pero si precisamente las HD son una oportunidad es porque no sabemos dónde empiezan ni dónde acaban. Por eso tenemos que hacer de rederos, ir anudando y anudando para crear un entramado. Hay que aprender a manejar los aparejos, claro, pero lo demás es ponerse a entramar.